PRI: el asalto del Cisne Silva Ramos

Como vulgar pirata, Alberto Silva Ramos asalta el PRI. Proclama su liderazgo, sin consenso y sin pacto, en un albazo más. Y en un instante siente El Cisne el repudio de los Yunes rojos. Lo descalifican, lo rechazan, no lo quieren ahí. Si eso no es el caos, ¿qué es?

Lunes de show en que el duartismo vuelve a las andadas, imponiendo a uno de los suyos en el PRI estatal, arrancando reacciones, irritando a sus rivales, tensando la cuerda, reviviendo la disputa por el poder. Y todo porque Javier Duarte no acaba de entender que la sucesión la perdió, no la supo manejar.

Silva fue el primero en hablar. Confirmó al portal Plumas Libres que será el nuevo líder del PRI en Veracruz, respaldado por la dirigencia nacional en sustitución de Alfredo Ferrari Saavedra.

“Será este domingo en el puerto de Veracruz, en un evento masivo con la militancia priista donde tome protesta”, dijo el diputado federal por Tuxpan, que asumirá el cargo sin dejar el Congreso federal, sin que sea llamado su suplente, sin renunciar a su dieta como legislador. O sea, el botín completo.

Se asume ya El Cisne como el conductor del proceso interno del PRI que determinará quién de los Yunes rojos, Pepe o Héctor, será el candidato al minigobierno de Veracruz, en 2016.

Lo coronaría el líder nacional Manlio Fabio Beltrones Rivera, Don Beltrone, la plana mayor del PRI, senadores, diputados y alcaldes. La bendición del pirata.

Lunes de tragicomedia, este 12 de octubre. Iba bien El Cisne con su rollo. Se atribuía el relevo a una negociación entre Javier Duarte y el senador Pepe Yunes, dejando en manos del gobernador el PRI y en correspondencia, el gordobés avalaría la candidatura del senador peroteño.

Horas después, sin embargo, el brebaje se convirtió en purga. Héctor y Pepe repudiaron el cambio de dirigente priísta y se deslindaron de cualquier negociación o acuerdo.

Héctor Yunes lo plasmó en cinco puntos:

“1) No es tiempo de cambios, sino de consolidación. No es tiempo de arrugar, sino de planchar.

“2) Cambiar la dirigencia del partido a escasos tres meses de que se postule candidato a gobernador puede emitir una interferencia en un proceso en marcha, más que una clarificación de mensajes.

“3) La actual dirigencia probó su efectividad en la pasada elección, en donde obtuvimos una mayoría contundente en la renovación de nuestros diputados federales.

“4) La tradición dentro del partido marca que la evaluación de cambios en la dirigencia se da una vez que ha concluido el proceso de nominación de candidato a gobernador, no antes.

“5) Así, de darse este cambio, el PRI tendría, en su caso, una dirigencia de mera transición, de solo tres meses.

“Por estas razones, me manifiesto en favor de que la actual dirigencia permanezca en su cargo, hasta que tengamos candidato a gobernador”.

Casi al unísono, Pepe Yunes se deslindaba del albazo, en entevista con José Ortiz Medina, director del portal Versiones:

“Primero, no tengo noticias del cambio de la dirigencia estatal de mi partido y, en mi opinión, lo pertinente debería ser mantener a Alfredo Ferrari al frente, en tanto se resuelve el proceso interno de las candidaturas del próximo año; segundo, consecuentemente con lo anterior, es falso que hubiera acordado la llegada de nadie al PRI, como no he acordado nombramiento alguno para ninguna posición política en Veracruz”.

Habló de la neutralidad del nuevo líder del PRI en Veracruz:

“Tercero, si fuera necesario un cambio en la dirigencia del PRI en Veracruz, que reitero que no lo creo necesario en este momento, optaría por la llegada de alguien no tan identificado con la corriente interna dominante del PRI en Veracruz que encabeza el gobernador, para así tender puentes con el resto de las expresiones políticas al interior del PRI que le son distintas”.

Su rechazo a toda influencia de Javier Duarte en el PRI, fue patente. No quiere ahí al Cisne. No quiere a nadie que se identifique con el gobernador.

“El PRI necesita articular todas las expresiones políticas —agrega— y hay que cuidar la figura que puede convocarlas. Ya he hecho pública, en muchas ocasiones, que no milito en esa corriente mayoritaria del PRI. No voy con Silva. No por él en lo personal. Tampoco iría con nadie de ese grupo. No le conviene al PRI”.

Se requiere, expresó el senador Pepe Yunes, de un líder que articule y consense, que tenga la capacidad de concitar esfuerzos y distender los conflictos. No identifica ahí a Silva Ramos. No da el perfil:

“No he pactado, no creo que deba haber cambio y no puede ser él —Alberto Silva—”.

Es el caos total. Héctor Yunes Landa y José Francisco Yunes Zorrilla repudian al frustrado delfín de la sucesión, la carta emergente del gobernador cuando se despeñó Salvador Manzur Díaz, pillado el pillo cuando pronunció aquella célebre frase: el programa social de los adultos mayores es “oro molido”, registrado en un video que lo definió como uno de los “ladrones de elecciones” de la zona Veracruz-Boca del Río.

Sin destreza política, sin capacidad que haya significado su paso por el gobierno, Silva Ramos es sólo el amigo de Javier Duarte al que ve como la única opción para sucederlo. Es su antiguo jefe, cuando El Cisne tenía vara alta en el equipo de Fidel Herrera Beltrán, antes incluso de ser senador, y el gordobés era, si acaso, el ayudante V, el valet de los mandados.

Pasó Silva Ramos por la alcaldía de Tuxpan y dejó un endeudamiento brutal, odios por doquier, conatos de venganza, un par de bombazos en el patio de la presidencia municipal, marca narco, y un discurso de rencor con el que aún tienen que lidiar los tuxpeños.

Terribles los días en que fue coordinador de Comunicación Social del malogrado gobierno dualista. Tenía que pagar facturas que se mantenían congeladas por decisión de su antecesora, María Gina Domínguez Colío. Lo hizo a duras penas. Sacó algunos pendientes y luego se volvió Gino. Le pagó a quien quiso y cuando quiso. Hasta facturas apócrifas aparecieron, de valor millonario, quizá cobradas por los duartistas. A la periodista Claudia Guerrero pretendieron involucrarla en una treta de desprestigio con una factura falsa.

Entre los vivales del duartismo, El Cisne es un zanate de pantano. Fue un vocero de medio pelo, dedicado gran parte a tuitear, trabado en polémicas estériles con el acérrimo enemigo del duartismo, Miguel Ángel Yunes Linares.

Su otra pasión son las selfies. El narciso se capta a sí mismo, se proyecta, se clava la foto que luego lanza a las redes. Ahí le hacen photoshop. Lo maquillan, labios rojo carmesí y una flor sobre la oreja. El hazmerreír de todos.

Hoy lo proyecta Javier Duarte. Lo quiere al frente del PRI para entorpecer la campaña yunista, sea Héctor o sea Pepe quien finalmente contienda por el gobierno de Veracruz.

Lo quiere en la dirigencia estatal, el lugar clave para el estire y afloje de las candidaturas a la diputación local, las piezas que requiere el gobernador para blindarse desde el Congreso, cuando se revisen sus cuentas públicas, cuando sus adversarios y quienes tuvieron que aguantar sus desplantes, sus locuras, sus enfados, su soberbia, decidan que tiene que pagar.

No está El Cisne para dirigir la sucesión. No tiene capacidad ni para eso, ni para nada. Lo insertan Javier Duarte y el ex gobernador Fidel Herrera para regatear diputaciones, para controlar el Congreso, para acotar a Beltrones, como si los elegidos fueran decisión de Xalapa y no del PRI nacional.

Lo impone aún con el rechazo de los senadores Yunes, desdeñado por Héctor porque no son los tiempos de un relevo en el PRI estatal, y repudiado por Pepe por su identificación con el gobernador.

Es pues, el nuevo show del PRI.

(Con información de mussiocardenas.com)

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