PRI: la farsa y los farsantes

Comen y beben los priístas, sueltan las risas que contagian, se funden en abrazos que debieran transmitir calor, y escuchan, divertidos, con sorna, el discurso que convoca a la hermandad. Nada es verdad. Así son siempre sus desayunos de la unidad.

Sábese que es el ritual de la farsa, el llamado a las tribus dispersas y la instrucción sutil a la simulación, invariable el evento de los descarriados y los que deciden no escuchar, menos participar, cuando el ambiente de conflicto, los odios soterrados, los conduce a la pérdida del poder.

Llegaron los hijos del PRI. Celebraron su enésimo desayuno, el recurso que acaso sirve para la postal, la pose fotográfica, juntos los amigos y quienes no lo son, la sonrisa fingida, el mensaje de unidad.

Domingo 17. Acuden los priístas de Coatzacoalcos al llamado de sus líderes. Sí, “sus líderes”. No su líder formal, el presidente del partido, Luis Rafael Anaya Mortera, que actuó con congruencia, como siempre lo hace, absoluto, sin acatar órdenes, desdeñoso, en un viaje simulado al Distrito Federal, lejos de sus bases, de su militancia. No estuvo porque no le importó.

Decía el líder del PRI en Veracruz, Alfredo Ferrari Saavedra, que el triunfo se construye día con día. Hay que cerrar filas “como siempre lo han hecho, en torno a las causas del partido y ser parte del próximo triunfo de quienes continuarán con las reformas transformadoras del presidente Enrique Peña Nieto. Su partido los necesita y su país los requiere”.

Invitaba Ferrari a la militancia a comprometerse con el triunfo “y redoblar esfuerzos para cumplir el objetivo de obtener la mayoría en el Congreso de la Unión”.

Refería que sólo así se podrá “continuar con los resultados obtenidos en Veracruz”.

Arqueaban las cejas los priístas. Contenían la risa por educación. El rollo le va al líder Ferrari. Su argumento es abstracto, falto de razón, plagado de sueños, acorde con la vida en Duartilandia donde los “resultados obtenidos en Veracruz”, sólo los disfruta la pandilla duartista y nadie más.

Pintaba el líder Ferrari un escenario de ilusión, insostenible, imaginario, alejado de la realidad, de la pobreza, del abandono, Veracruz a la vanguardia de la inseguridad, a la vanguardia en secuestro, a la vanguardia en falta de desarrollo, a la vanguardia en corrupción, a la vanguardia en impunidad.

Son un ritual los desayunos de la unidad, trillados porque pareciera que los priístas no saben hacer más cuando el panorama se torna sombrío y se huele, se percibe el aroma de la derrota.

Este, sin embargo, fue jocoso. Lo disfrutaban pues su líder estatal vino a describir un Veracruz que solo ha de existir en su ilimitada y prodigiosa imaginación y en los inventarios del duartismo.

Gozaron pues los priístas en ese alarde de simulación, muchos de ellos indiferentes a su candidato a diputado federal, Rafael García Bringas, al que no sólo no le operan votos sino que lo desacreditan en público y en privado, le preparan voto de castigo, lo quieren masacrar.

Su líder local no llegó. Anaya Mortera tenía mejores cosas que hacer. Tampoco el mecenas del marcelismo, Marcelo Montiel Montiel, tácitamente el dueño de la alcaldía de Coatzacoalcos, gerente ejecutivo de la franquicia que cada período de gobierno la usufructúa vía sus pupilos y favoritos, dos veces él, en una Marco César Theurel Cotero —“Te rompo tu puta madre”— y ahora Joaquín Caballero Rosiñol.

Ausente, Iván Hillman Chapoy se sabe repudiado, malquerido, odiado entre el priísmo de Coatzacoalcos, amplísima su capacidad para desdeñar a todos, patearlos, desatarles guerra mediática, creído que lo que aquí se hace, aquí no se paga.

No acudió Iván Hillman y nadie lo notó. El priísmo de Coatzacoalcos se siente a sus anchas cuando Iván El Terrible no está. No olvidan que su paso por la alcaldía fue un desastre para todos, menos para él, para su esposa Mónica Robles y para su mozo de estoques, Mariano Moreno Canepa.

Por sus manos pasaron 2 mil millones de pesos. No se sabe en que los aplicaron. No hay una obra digna que se recuerde. Eso sí, hay gasolineras, lotes de autos, cosas nuevas en Coatzacoalcos.

Tampoco el líder de la CTM, Carlos Manuel Vasconcelos Guevara fue al desayuno de la simulación. Suele ser así. En cada evento priísta les reclama que a los sectores los ignoran, que los candidatos son impuestos por los líderes de corrientes, que quien encabeza el PRI no manda. Y una vez más, los desairó.

Hubo desayuno. Es la farsa reciclada del PRI, la convivencia de los enemigos irreconciliables, el certamen de las sonrisas falsas y los abrazos fríos.

Suele hacerlo el PRI cuando el ambiente no prende. Trascienden las cifras, las mediciones, la encuesta en los medios, las que ordenan los candidatos, el que paga manda. Y ante la indiferencia de los priístas llega su líder estatal y habla de logros que nadie ve, de un Veracruz que no existe, del éxito de las reformas peñistas que arrancaron mal.

Desliza Ferrari, sin embargo, el síntoma del miedo. Hay que “redoblar esfuerzos para cumplir el objetivo de obtener la mayoría en el Congreso de la Unión”.

¿Por qué redoblar esfuerzos para obtener mayoría? Dicen las encuestas que el PRI mantiene sus 30 puntos en la intención de voto. Suma a ello los 13 puntos del Partido Verde. Agréguese al Panal, a Encuentro Social, al Humanista. ¿Peligra la mayoría?

Si las encuestas son reales, el PRI no tiene de qué preocuparse. Si son falsas, entonces tiene sentido el discurso del líder Alfredo Ferrari. El PRI no tiene mayoría y quizá no la tendrá.

Llama Alfredo Ferrari a cerrar filas. ¿Por qué? Porque el PRI no es monolítico, porque hay indiferencia, porque muchos quieren ver perder a García Bringas.

Veracruz es zona minada. El desgobierno de Javier Duarte, la descomunal deuda, el desarrollo estancado, la inseguridad y violencia, la corrupción, la complicidad, el encubrimiento, la impunidad con que se conduce la pandilla duartista, abonan a la derrota.

Lo peor para Alfredo Ferrari es que los priístas no ayudan. Las corrientes, el marcelismo, el ivanismo, el chagrismo, el theurelismo, viven sus odios y refrendan sus rencores.

No hay una base militante que garantice el triunfo. Así es el priísmo.

Los describe como son el extinto politólogo Arnáldo Córdova, en un texto publicado en La Jornada, el 2 de diciembre de 2012, bajo el título “El Regreso del PRI”.

“Los priístas son portadores de varios estigmas. Por un lado, una gran mayoría sabe que siguen siendo los mismos como políticos y que, como tales, son para desconfiar. Por otro lado, por lo menos desde la época de Miguel de la Madrid (1982-1988), los tricolores han dejado de ser los antiguos nacionalistas y populistas que fueron desde los tiempos que siguieron a la Revolución y ahora, a la vista de todo mundo, se han derechizado tanto o más que los panistas. Eso se ha notado en todas sus decisiones políticas que han sido, recurrentemente, medidas de apoyo y promoción de los intereses de las élites del poder económico, nacionales y extranjeras, y en contra, de manera radical, de los intereses populares que alguna vez defendieron como parte de su ideario político.

“Los priístas apestan a los mismos olores del pasado, sólo que ahora son más derechistas. Como se vio en la campaña electoral, siguen practicando las malas artes de la política y, ahora con el poder presidencial en sus manos, lo veremos más a menudo. Probablemente, volveremos a repetir con nuestro gran dramaturgo Rodolfo Usigli: ‘Dondequiera encuentras impostores, impersonadores, simuladores; asesinos disfrazados de héroes, burgueses disfrazados de líderes; ladrones disfrazados de diputados, ministros disfrazados de sabios, caciques disfrazados de demócratas, charlatanes disfrazados de licenciados, demagogos disfrazados de hombres. ¿Quién les pide cuentas? Todos son unos gesticuladores hipócritas’ ”.

Ni mas ni menos.

(Con información de mussiocardenas.com)

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