PRI: todos contra todos

Javier Duarte no está solo. Le secundan sus locuras Don Beltrone, Peña Nieto, sus priístas chatarra, la vieja guardia del PRI, el fidelismo, los duartistas, los fans de Héctor Yunes y hasta los aliados de Pepe Yunes. Todos, en el río revuelto que es Veracruz, le van arrancando un pedazo al PRI.

Día 4. Lanza la cargada para imponer al “Cisne”, alias Alberto Silva Ramos, en la dirigencia del PRI estatal, mientras un sector de la militancia le recuerda que hay estatutos y, por si no lo sabe, hay que acatarlos.

Afloran los dotes de ventrilocuo político cuando el gobernador hace hablar a sus huestes en una suerte de magia —y eso que dice que él no es mago— le hayan virtudes y méritos al “Cisne” de Tuxpan.

Hablan por Javier Duarte sus entenados políticos, exaltando que el endeudador de Tuxpan realizó proezas como alcalde, como si no se tuviera registro que el infame trepó la deuda a más de 200 millones de pesos en menos de tres años, pues ni siquiera concluyó su gestión por incorporarse al gabinete estatal.

¿Concilia El Cisne? Obvio no. No es su naturaleza. Es un agitador compulsivo, capaz de mover a sus fanáticos a la violencia, a la venganza y a la agresión. Se recuerda la campaña a la alcaldía cuando desató una embestida contra el entonces presidente municipal Juan Ramón Gánem, al que terminaría empinando, intrigando en el Congreso, hablándole al oído a Javier Duarte, hasta lograr que lo encarcelaran acusado de desvío de recursos públicos.

Endeuda, encarcela —ahí está el caso del periodista Jorge Manrique, víctima de una celada, tratado como narco en su traslado a Pacho Viejo— y enloquece con el poder. Y si no que lo atestigüen quienes en la Secretaría de Desarrollo Social y en la Coordinación de Comunicación Social no lo aguantaron sino que lo sufrieron por sus desplantes y sus sueños de poder, siempre con el aroma a alcohol, con su altanería.

Hablan los cínicos, Guadalupe Porras David, Víctor Rodríguez Gallegos, Erick Lagos, Jorge Carvallo, Adolfo Mota, Elizabeth Morales, los líderes de los sectores, Erika Ayala, senadora suplente que nunca llegará al Senado si el duartismo se queda en el poder.

Tiene la cargada de su lado. Se suman quienes saben del ritual priísta, de las canonjías de que goza un gobernador para arreglar los tiempos políticos y las circunstancias para llevar buen puerto una candidatura.

Este, sin embargo, no es el caso. Javier Duarte impone a Silva Ramos en el PRI para descarrilar la sucesión, frustrar las aspiraciones de Pepe Yunes Zorrilla y eventualmente reposiciones a Héctor Yunes Landa, porque éste sí le garantiza impunidad, quien a la postre terminó haciendo el doble juego del rechazo de palabra y respaldo a través de sus seguidores.

Y a todo este circo, qué dice el PRI nacional, don Beltrone, alias “Manlio Fabio Beltrones Rivera”, dueño temporal Duarte. No lo cita por su nombre. Lo alude con sus palabras.

“Independientemente del nombre que se maneje —acusa—, lo que a mí no me parece es que haya cambios en el Comité Estatal del Partido (PRI), independientemente de a quién mencionen, creo que debemos cuidar la asociación al interior del partido.

“Yo no veo cuál es la prisa por cambiar la dirigencia del partido cuando el proceso electoral va a dar lugar a que haya un candidato a gobernador y la tradición política de nuestro Estado y en todo el país es de que cuando hay candidato a gobernador se evalúa si la dirigencia del partido debe permanecer cumpliendo esa tarea u otra de campaña”.

Luego diría que la unidad en el PRI no se logra a base de manotazos.

“La unidad no es, no puede ser un fin en sí mismo. Es un medio: uno para construir un Veracruz mejor: con mayor bienestar, sensibilidad y decencia”.

Dice que la unidad no se decreta, se construye. “Y nadie, que yo sepa construye a manotazos. La precipitación es el mejor método para destruir, no para construir”.

Pero luego suaviza: fortalecer la unidad partidista no sólo de cara al proceso electoral de 2016, “en todo momento mi partido siempre podrá contar conmigo”.

Así es Héctor Yunes. Aprieta a Duarte. Negocia con Duarte. Solapa y a Duarte. Y al verse rebasado por maniobrero y agachón, servil al gobernador, usa el episodio de la caña de pescar, el “Cañagate”, para simular que rompe con el gordobés.

Hoy habla y despotrica. Pero en los hechos su gente favorece la imposición del Cisne Silva. Erick Ayala, la lideresa del COBAEV denostada y acusada de fraudes en su gremio, dirigente actual de la CNOP, destaca las virtudes del ex alcalde de Tuxpan. Juan Carlos Molina Palacios, el nuevo dirigente de la CNC, igual.

Van pavimentando los yuneslandistas el camino de la imposición mientras su líder habla y despotrica, se indigna, actúa, rechaza la unidad a la que convoca Javier Duarte. También es doble juego.

Pepe Yunes peca de omiso. Se agazapa mientras el PRI en Veracruz se ve sacudido por la locura duartista. Y peor cuando sus aliados dan pasos hacia el cambio en el PRI y la imposición del Cisne Silva Ramos.

Víctor Rodríguez Gallegos, líder del Movimiento Territorial, operador de Marcelo Montiel destaca los méritos del Cisne y advierte que el priísmo se fortalece con el cambio de dirigencia. O sea, los yuneszorrillistas también en el doble juego.

Es como si la basura hablara, feliz, del bote de la basura.

Dicen los estatutos del PRI que si el presidente del partido renuncia, y ésta es aceptada, se convoca al consejo político estatal y ahí se designa al sucesor. Debe haber convocatoria y ser llamados los consejeros.

No ocurría así. Mientras la polémica aumentaba, Alfredo Ferrari Saavedra permanecía en el cargo. Dos diputados del PRI, Tonatiúh Pola y Raúl Zarrabal, aseguraban que hasta el jueves 15 no había renuncia alguna.

Sin embargo, ocurrió al filo de la medianoche y trascendió en los primeros minutos del viernes 16. Y fue al estilo duartista, con un tuit: “El día de mañana @alfredo_ferrari rendirá protesta como nuevo Secretario de @sedesoladelante”.

Ferrari asume la Secretaría de Desarrollo Social del gobierno de Veracruz. Releva a Ranulfo Márquez, el mayor de los allegados a el ex gobernador Fidel Herrera Beltrán, hoy cónsul en Barcelona, España.

Otro diputado local, Marco Antonio del Ángel, replica. Duda de la ideología de Silva Ramos, de la falta de línea política desde la esfera nacional.

Juan Manuel Velázquez Yunes, también legislador, insta a escuchar a los Yunes rojos, quienes aseguran que no es el momento de realizar un cambio en la dirigencia del PRI.

Y así el caos. Javier Duarte traslada su caos internos. Echa mano del caos que vive su gobierno y lo endosa a su partido.

No le ocurriría si fuera un gobernador fuerte, con ética, con solvencia moral, sin tanta corrupción, sin tanta impunidad, marcado por el signo del atraco, de los dineros usados para el enriquecimiento de una pandilla, en agravio de la sociedad.

Sería un cambio terso si Javier Duarte hubiera tenido los hilos del poder. Pero no. Pateó a todos, burló a todos, usó y desdeñó a todos.

Hoy lo paga. Así llegue El Cisne al PRI, el conflicto evidencia a un partido con profundas grietas, socavado y fracturado. Peor aún por el mensaje que envía a la sociedad: votar por el PRI, sea un Yunes o no, es votar por un duartismo que luego de endeudar de manera brutal a Veracruz y sumirlo en un baño de sangre, pretende seguir muchos años más en el poder.

Todos contra todos, pues.

(Con información de mussiocardenas.com)

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