¿Quién sigue, Fidel Herrera?

¡La política a diferencia de las matemáticas no es una ciencia exacta. De hecho la política no es… va siendo y lo que hoy es, mañana deja de serlo!

Tarde pero despierta llega la federación a Veracruz.

Tras la solicitud de licencia del gobernador Javier Duarte, una sucesión de acontecimientos han sacudido a la opinión pública que en el día a día quiere ver más sangre correr.

Hoy el centro de poder deja entrever que el siguiente en la lista es el inefable Fidel Herrera Beltrán, autor de la peor desgracia que ha sucedido en Veracruz no solo por su mandato, sino por dejarnos a Javiercito.

Y si en Duarte se encontraron pistas por lavado de dinero, omisión y crimen organizado, en Fidel están las del trasiego; lavado de dinero y la narcopolítica.

Hoy quedan al descubierto, según la PGR, pruebas documentales de los llamados “testigos protegidos” a buen recaudo en prisiones norteamericanas donde señalan al ex gobernador como beneficiario de los 12 millones de dólares entregados por organizaciones criminales para su campaña electoral del 2004 y su presunto liderazgo como Z-1 durante su sexenio.

Una liga más se da a conocer a la opinión pública nacional al vincular al ex con Zen Li Ye Gon, empresario de origen chino reclamado por la justicia de nuestro país y finalmente extraditado por el gobierno del vecino país del norte.

En los círculos periodísticos nacionales ha trascendido que el oriental tuvo vínculos con Fidel Herrera y Javier Duarte y sugiere que los 200 millones de dólares confiscados al “copelas o cuello” eran producto de las actividades del Cártel de los Zetas, avecindado en Veracruz los últimos doce años.

Esta noticia obliga a remontarnos a las pistas del dinero y ligas gubernamentales con los Zetas, Pancho Colorado y la matanza de Villarín.

Bien se dice que en los sucesos de violencia no suele haber casualidades.

Hacia mediados del 2012, José Treviño Morales, el hermano de Miguel Ángel Treviño Morales –El Z-40, uno de los dos líderes de Los Zetas–, fue detenido y acusado de coordinar una operación de lavado de dinero y trasladado a Texas, para enfrentar los cargos.

Asimismo en el rancho de Pancho Colorado se lavaron millones de dólares, pero también en muchas ocasiones, de forma ilegal, se ganaron millones en diferentes competiciones de caballos finos.

Por ello en ese 2012 Colorado fue acusado formalmente por la DEA y la PGR de lavado de dinero para el cártel de Los Zetas.

Francisco Colorado, es propietario de la empresa ADT Petroservicios, quien ganó diversas licitaciones de Petróleos Mexicanos (Pemex) y la hacía de intermediario para comprar caballos para Treviño, así como realizar obra pública municipal llevando por delante a los mafiosos.

El gobierno de Estados Unidos acusó a Colorado en ese entonces de ser prestanombres de Óscar Omar y Miguel Ángel Treviño, El Z-40, segundo al mando de Los Zetas, hermano de José Treviño, el dueño del criadero de caballos de Oklahoma.

El nombre de este individuo tomó particular relevancia pública cuando en marzo de 2007 una carrera ilegal de cuarto de milla en la población de Villarín, en el municipio de Veracruz, con apuestas de cientos de miles de dólares, terminó con una balacera que dejó dos muertos, cinco heridos, entre ellos un menor de edad, y cinco detenidos, entre ellos un policía federal.

Entre los caídos estaba un hombre que fue identificado como Roberto Carlos Carmona Gasperín, quien un día después de sepultado en un cementerio de Poza Rica, el cuerpo fue robado durante la noche. Siempre se especuló que se trataba de uno de los principales jefes de Los Zetas, aliados, todavía entonces, con el Cártel del Golfo.

La lucha siguió a la largo de dos sexenios.

En junio de 2012 Pancho Colorado se entrega a un juez de Houston acusándose de ser víctima de extorsión de los Zetas, iniciando así un juicio en Austin, Texas, mismo al que asistió quien esto escribe en calidad de reportero.

El primero de diciembre de ese 2012 arranca en la Corte Federal de ese condado el juicio mismo que llevaría a Colorado a una sentencia de 20 años tras las rejas.

Sin embargo lo importante de éste asunto fueron las revelaciones de los testigos protegidos, entre ellos los Zetas quienes revelan haber entregado 12 millones de dólares para la campaña de Fidel Herrera.

Lo menciona José Carlos Hinojosa, ex contador del Cártel del Golfo, quien asienta en actas que la campaña fidelista, en 2004, el entonces candidato del PRI recibió los dólares a cambio que, una vez en la gubernatura, Fidel dejara operar libremente a esa organización.

Por esas mismas fechas se descubre una maniobra de Jesús Antonio Macías Yazegey, suegro del gobernador Javier Duarte de Ochoa, en una sospechosa operación de “transmisión de propiedad en ejecución de fideicomiso”, el 19 de diciembre de 2012, en pleno juicio en Austin, para evitar que fuera congelado el predio por decisión del tribunal federal norteamericano donde se ventilaba justamente el caso de lavado de dinero a favor de Los Zetas.

En el juicio aparece también el nombre de José Guillermo Herrera Mendoza, en ese entonces, secretario de Comunicaciones y Obras Pública ligado a secuestros de empresarios del puerto en su calidad de negociador.

Como testigo protegido el ex regidor del puerto de Veracruz, Alfonso del Rayo Mora, declaró a la corte de Austin que luego de ser secuestrado, fue liberado, pero obligado a colaborar en la organización criminal de los Zetas.

Guillermo Herrera contactó a Del Rayo para presentarle a Nayen, quien le instruyó ir a comprar un caballo a Oklahoma para el jefe mafioso, pero ahí no terminó su calvario, afirma, porque Nayen pidió dinero para pagar los gastos del caballo en los Estados Unidos y lo hizo actuar como intermediario, transfiriendo dinero a través de sus cuentas bancarias, de Nayen a Guillermo Herrera.

Allí comenzó una batalla entre grupos criminales que continúa hasta el día de hoy al convertir a Veracruz en ring de disputas criminales a la par del mayor cementerio de la república.

Tiempo al tiempo.

Pequeñeces:

Ante localizados cuestionamientos a este espacio periodístico es importante precisar que dentro de los cánones del oficio y su código deontológico hay géneros. Está la columna política, que es la opinión del periodista; el artículo de fondo sustentado en la investigación de campo; la nota periodística; la entrevista a partir del diálogo entre dos o más personas; la crónica definida por su mismo nombre y el reportaje que abarca todos los géneros.

La precisión es a propósito de cierta confusión generada en un sector interesado en impugnar lo que se publica bajo mi firma cuando se ven afectados sus intereses personales y de partido.

El punto es la polémica que han generado mis últimas colaboraciones en donde se me señala de sostener una tesis que al día siguiente contradice lo inicialmente publicado bajo el género de columna descontando el valor de la nota informativa o entrevista insertas.

La pretensión de todo comunicador es alcanzar en el día a día el equilibrio, presentando las dos caras de la información sin importar que alguien se sienta ofendido o afectado en sus intereses.

Escribir todos los días no es una tarea fácil, menos estar en los primeros lugares de lectura. Hoy me reitero como responsable de lo que escribo, no de lo que algunos entienden.

Por: Édgar Hernández* / «Línea Caliente»

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