Repique de campanas

Por Norma Meraz

Muy pronto habrá un nuevo huésped en la Casa Blanca, allá en Washington, DC.

Donald Trump, Presidente número 45 de los Estados Unidos, dejará la Casa Blanca y dejará también un registro en la historia universal del siglo XXI.

Y digo en la historia universal, porque los Estados Unidos siendo un país carente de raíces culturales ancestrales como Egipto, Italia, Grecia, Japón, México o Perú, por ejemplo, es un país multicultural con la economía más grande del mundo y un peso político enorme que influye definitivamente en el concierto de las naciones.

Donald Trump, un personaje rudo, ignorante y prepotente, gobernó durante 4 años a un país que, para muchos, es “ejemplo de democracia” en el mundo, con una visión de empresario tramposo y exitoso al mismo tiempo.

Ajeno al manejo de la política comandó su país a capricho.

Grosero como el que más, doblegó entre otros a México, su vecino irremediable y socio comercial más importante.

Trump usó la amenaza como herramienta ineludible cuando a cambio de no aplicarle aranceles lo obligó a contener la migración centroamericana, caribeña y africana hacia su país.

México cambió su política migratoria y tuvo que apostar 17 mil elementos de la Guardia Nacional en su frontera sur, con Guatemala, y norte, con Estados Unidos, para contener el flujo migratorio.

Trump calificó de asesinos, malandros, drogadictos, lacras y corruptos a los mexicanos.

A cambio de ese lenguaje y trato “amable”, el Presidente Andrés Manuel López Obrador correspondió a los insultos con palabras como “gran persona, respetuosa y amable con México”.

El gobierno de nuestro país obedeció a pie juntillas los caprichos del vecino del norte.

Como lema de campaña, y hasta el día de hoy, Donald Trump usó el tema de la construcción del muro a lo largo de la frontera con México –más de 3 mil kilómetros– para evitar que los “zarrapastrosos mexicanos” cruzaran la línea hacia su país.

Sin embargo, para el gobierno de México todos esos insultos vertidos por Trump eran música para sus oídos.

Es indudable que López Obrador le ha proferido absoluta lealtad innecesaria a un Presidente estadounidense que será señalado como el gran error del vecino país.

La soberbia es mala consejera, diría mi abuelita –y mi abuelita nunca decía mentiras– y esa altivez patológica condujo a este hombre al extremo de llevar a su país hacia una polarización con consecuencias altamente peligrosas, como la de incitar a la irrupción del Capitolio, el 6 de enero, lo que dejó 5 muertos y muchos heridos. Con la obsesión de evitar que su contrincante político Joe Biden llegara a la Presidencia por la vía del voto democrático.

Esta actitud desmedida por el poder llevará a Trump a registrarlo en alguna página de la historia de su país como el primer Presidente que enfrentará dos juicios políticos en su contra. ¡No es cosa menor!

En México, las apuestas estaban a favor de Joe Biden, pero Trump hacía dudar a más de diez y, al final, obtuvo poco más de 70 millones de sufragios nada despreciables!

Aunque antes de tocar Las Golondrinas se escucha un repique de campanas, pues no olvidemos que, históricamente, a México le ha ido mejor con los gobiernos republicanos que con los demócratas.

Ahora las relaciones entre México-Estados Unidos serán diferentes.

El Presidente Biden es un político profesional y seguramente usará el guante de seda para hacer cumplir a México con lo estipulado por el T-MEC.

Los temas del calentamiento global y el migratorio resaltarán con letra mayúscula en la agenda bilateral.

¿Qué pasará con los 300 mil barriles de petróleo diarios que Trump prometió a México para que este cumpliera con la cuota acordada con la Organización de Países Productores de Petróleo, la OPEP?

¿Seguirá México usando combustóleo en sus plantas generadoras de electricidad pertenecientes a la CFE?

Mucho habrá que platicar y negociar con el nuevo gobierno de Estados Unidos

Por ahora, en medio de la pandemia que, al tiempo que se producen las vacunas contra el COVID-19, en 50 países cobran impulso otras cepas que ponen al mundo cubriéndose de contagio y muerte.

¡Quiero desearle a mis lectores, un año con salud, esperanza y alegría!

No olviden cuidarse mucho, guardando todas las medidas sanitarias para evitar al virus.

¡Digamos la Verdad!

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