Rodolfo Zapata: morir en el sur

Un día alzó la voz. Y fue para morir. Acusaba que algo hay entre Javier Duarte y Arturo Bermúdez para que no lo pueda correr. Algo que se llama complicidad. Y decía que el secretario de Seguridad parecía haberle expresado a los malosos: “chínguense Coatzacoalcos, es suyo”.

Otro día denunció que a los reclusos los matan a golpes, que ingresan al penal Duport-Ostión por violencia familiar y salen muertos, víctimas de la violencia, “por los excesos que todo mundo sabemos se llevan a cabo”.

Evidenció el caos en la policía, el cementerio de patrullas, inservibles, sin poder andar, confinadas en un taller mecánico. Más de 20 unidades había ahí, y él tenía la evidencia, y así se explica en parte por qué no funciona la seguridad en Coatzacoalcos y otros cuatro municipios más.

Crítico, contundente, Rodolfo Zapata Carrillo llegó a su límite al sentir la presión en su persona, en sus bienes, en su negocio, impune la mano de la delincuencia que llegaba y actuaba, y cuando quería volvía por otra parte del botín.

Abogado de profesión, con prestigio y maestría, Rodolfo Zapata incursionó en política desde la oposición y desarrolló un activismo sin mancha para enfrentar el caos de la inseguridad y violencia.

Robado tres veces, golpeado en lo suyo cuando varios individuos asaltaron su restaurant Mi Tampico, en la colonia Puerto México, en Coatzacoalcos, decidió organizar a la sociedad para exigir seguridad y acciones firmes contra la delincuencia. Convocó así a una marcha para protestar de la que esperó más de lo que pudo lograr.

Ese día —octubre 6—, de cara a la prensa, hizo trizas al secretario de Seguridad Pública de Veracruz, Arturo Bermúdez Zurita.

Acusó complicidad entre Javier Duarte y Bermúdez. “¿Qué más hace falta para que cesen del cargo al secretario de seguridad? ¿Qué complicidad tiene el gobernador con el secretario de seguridad de este estado que está en llamas”, señaló.

Bermúdez ofreció en una mesa de seguridad que mes con mes estaría en Coatzacoalcos, que estaría pendiente de los resultados en materia policíaca, que abatiría el índice de delincuencia. Pero falló.

“Se comprometió a que iba abatir el alto índice delictivo, cosa que ha incumplido. No nos ha dado la cara. Prometió que mes con mes iba a estar aquí para dar un informe detallado de la manera en cómo se estaba abatiendo la delincuencia y tal parece que se puso de acuerdo con los delincuentes para decir: chínguense Coatzacoalcos, es de ustedes”, agregó.

Exhibió al general de cero estrellas. Dijo que Bermúdez desdeñaba a la prensa “por chismosos, porque no hacen bien su papel y mal informan a la ciudadanía”. Y por eso los sacaba de las reuniones.

Y se cuestionó:

“¿Qué más hace falta para tomar la decisión, cuando Veracruz está en llamas?”.

Habló del estado en que se encuentran las patrullas de policía y citó cuando durante un enfrentamiento con malosos cerca de las instalaciones del Seguro Social, una patrulla debió ser empujada por los elementos policíacos porque no arrancó.

No hablaba por hablar. Ofreció que para mejorar las instalaciones del Mando Único Policial les donaría una tonelada de cemento. Nadie le tomó la palabra.

A la marcha pedía que la ciudadanía acudiera con ropa negra, de luto, sin advertir que sería la premonición de su muerte.

Tras la marcha, a la que tácitamente acudió solo —unas 30 personas lo secundaron— comenzó a sufrir la mano dura del régimen. El 10 de octubre un individuo, Ricardo Romero Villegas, le rompió el cristal de su automóvil. Rodolfo Zapata lo detuvo y lo entregó a las autoridades. Horas después, el delincuente estaba libre.

Nueve días después —octubre 19—, el mismo sujeto volvió a cristalearlo. Fue detenido y esta vez consignado a un juez. Supuestamente atacó de nuevo en represalia porque lo remitió ante la autoridad.

¿Fueron hechos causales o fue represalia contra Rodolfo Zapata por haber exigido la renuncia del secretario de Seguridad de Veracruz, Arturo Bermúdez Zurita?

Fue representante del Partido Humanista ante el INE distrital de Coatzacoalcos, en la elección federal del 7 de junio. Ahí exhibió fotografías que mostraban el estado deplorable en que se hallaban más de 20 patrullas, en un taller de la avenida Juan Escrita, entre Ayuntamiento y Avenida Uno.

Eran unidades asignadas al Mano Único Policial, supuestamente para garantizar la vigilancia y seguridad de Coatzacoalcos, Minatitlán, Cosoleacaque, Nanchital y Acayucan.

Argüía el Partido Humanista que con esas patrullas no se garantizaba la seguridad de las elecciones ni se evitarían acciones de violencia electoral.

Oficialmente, pidió que el Mando Único fuera relevado y la vigilancia corriera a cargo del Ejército, la Marina y la Policía Federal. Exhibir las fotografías de aquel cementerio de patrullas, lo puso en el ojo del huracán.

Tocó otro tema quemante: la violencia en el penal Duport-Ostión, con saldo de varios muertos.

Acusó a la agente del Ministerio Público Especializada en Delitos Sexuales y Contra la Familia, Leidy Zuraya Carrera Rotonda, de negarle la libertad bajo caución a los detenidos por violencia familiar y consignarlos en tiempo récord al penal. Los enviaba a la muerte.

Un caso fue el de Oscar Octavio Otañez Román, a cuyos familiares representó Rodolfo Zapata. Ingresó al penal Duport-Ostión, acusado de violencia intrafamiliar. El viernes 15 de mayo fue dado por muerto.

Según el certificado médico, murió de un paro cardíaco, pero Rodolfo Zapata acusó que fue violentado.

“Algo pasó que no aguantó. Todos sabemos los excesos con los cuales sabemos reciben a los reos cuando van llegando a las instalaciones del Cereso. Eso es un secreto a voces. Entonces el señor por violencia intrafamiliar no sale más que muerto”, dijo.

Nadie tenía la fórmula para frenar las denuncias de Rodolfo Zapata. Lo asediaban. Le ofrecían que ocupara la Dirección del Reclusorio Duport-Ostión. Y Rodolfo Zapata sólo los escuchaba, sin abandonar su actitud crítica. Afirma una versión que tomó un curso de penales pero no aplicaría al cargo.

Sin imaginar lo que vendría, acudió este lunes 2, Día de Muertos, a un taller mecánico, ubicado a cuadra y media del Mano Único Policial. Un vehículo Mitsubishi lo alcanzó. Descendieron cuatro individuos, todos con el rostro cubierto y le dispararon a matar.

Su cuerpo yacía en un charco de sangre, arrebatada su vida por cuatro disparos de R-15, mientras se cimbraban las estructuras de poder en Coatzacoalcos y en Xalapa, en palacio de gobierno, en la Secretaría de Seguridad Pública.

Su voz resonó entonces en la memoria de quienes lo escucharon denunciar el clima de violencia, la inseguridad, la impunidad de que gozan los delincuentes, la deplorable condición de las unidades policíacas.

Rodolfo Zapata murió sin saber a qué se debe esa complicidad entre el gobernador Javier Duarte y el ”general” Bermúdez para no pedirle la renuncia, para dejarlo actuar, para solapar el clima de inseguridad y el avance de la delincuencia.

Alzo la voz y murió ejecutado.

(Con información de mussiocardenas.com)

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