Rubén Espinosa: el montaje de la droga

De Nicole sólo se sabe que se llamaba Nicole. O Simone. Es la chica muerta, asesinada en la masacre de la Narvarte, donde dejó la vida Rubén Espinosa, donde le arrancaron la existencia a Nadia Vera. De Nicole se afirma que es colombiana y con ese montaje, el de la hipótesis de la droga, se evade la pista de la represión contra el fotoperiodista de Proceso, Cuartoscuro y AVC.

De Nicole sólo se sabe que se llamaba Nicole. O Simone. Es la chica muerta, asesinada en la masacre de la Narvarte, donde dejó la vida Rubén Espinosa, donde le arrancaron la existencia a Nadia Vera. De Nicole se afirma que es colombiana y con ese montaje, el de la hipótesis de la droga, se evade la pista de la represión contra el fotoperiodista de Proceso, Cuartoscuro y AVC.

Cinco días después, sigue a los tumbos la Procuraduría de Justicia del Distrito Federal, apabullada cuando soltó la versión de que a Rubén Espinosa y las cuatro mujeres los ejecutaron sólo por robarles.

No se sabe qué robaron. No se sabe si fueron tres o cuatro matones, si conocían a las víctimas, si pasaron horas ahí. No se dice a qué hora ocurrió la ejecución. Y si sólo eran rateros, por qué actuaron con la saña de un sicario.

Hay más dudas que certeza, la investigación atropellada como si la intención fuera alejar el móvil real, el de la venganza política, implicado el duartismo en las agresiones que sufriera el fotoperiodista Rubén Manuel Espinosa Becerril a manos de la policía veracruzana, los esbirros del secretario de Seguridad Pública, Arturo Bermúdez, en la amenaza, el hostigamiento, el encuentro cara a cara con sus verdugos, policías vestidos de civil.

Dice el procurador capitalino, Rodolfo Ríos Garza, que va por todas las líneas de investigación, incluida la de Veracruz, las amenazas al periodista desde el seno del duartismo, los episodios de violencia en Plaza Lerdo, el 13 de septiembre de 2013, cuando registró con su cámara el avance de la policía, el uso de los bastones eléctricos, los toletes, los escudos con arma, el golpe artero.

Ese día, a Rubén Espinosa lo obligaron a formatear su memoria y borrar sus imágenes. Pero sabrá cómo, pudo conservar algunas. Las entregó a la agencia AVC y evidenció la mano represora del desgobierno de Javier Duarte.

Evidenció a la policía vestida de civil, uno de los elementos armado, infiltrado así en la conferencia de prensa del Partido del Trabajo, cuando fue revelado el “Balance Electoral 2015”, el Informe Bermúdez, que categorizaba a los grupos disidentes como “anarquistas” e “incómodos”.

Vinculado al movimiento estudiantil universitario, no ocultó sus ligas con sus dirigentes. Cubrió la agresión a ocho de ellos, la madrugada del 5 de junio, a manos de un grupo parapolicíaco, los entrenados en la Academia El Lencero, la policía del gobernador, con licencia para apalear y permiso para asesinar.

Nada, sin embargo, le quita el sueño al procurador del DF, Rodolfo Ríos Garza. Rubén Espinosa salió de Veracruz molesto, indignado por tener que modificar su conducta, mantenerse a salvo, no exponerse, guardarse. “Me caga”, dijo el corresponsal gráfico de Proceso, el autor de la portada con que dimensionó el reportaje sobre el secuestro y crimen de otro periodista, Gregorio Jiménez de la Cruz.

Perfiló Ríos Garza el móvil del robo y fue como accionar una granada de bolsillo. Estalló y lo pulverizó.

Da palos de ciego el procurador del DF. Filtra información a su prensa amiga. La usa como termómetro de la opinión pública, el sonar de las reacciones para evitar un descalabro.

Cinco días después no logra saberse qué robaron. Tampoco se explica cómo un ladrón agrede, tortura, viola, dispara y da el tiro de gracia. O sea, ladrones que actúan como sicarios. O sicarios que se comportaron como sicarios.

Agravia el enredo. Filtró la Procuraduría que Rubén Espinosa llegó al departamento 401 del edificio marcado con el número 1909 de Luz Saviñón, colonia Narvarte, el jueves 30 de julio. Había reunión. Se convirtió en fiesta. Se transformó en bacanal. Dice que Rubén Espinosa pernoctó ahí. Era amigo de Nadia Vera Pérez, antropóloga social, activista, integrante del Movimiento #YoSoy132, ex miembro de la Asamblea Universitaria en Xalapa, productora de programas culturales.

En la “fiesta” habrían estado Yesenia Quiroz Alfaro, maquillista; Nicole, la supuesta colombiana, desempleada pero con un Mustang Shelby modelo 2006, poseedora de joyas de oro, que no fallaba en el pago de los gastos que originara el departamento.

Supuestamente habrían estado cuatro amigos varones. Habría corrido alcohol. A eso de las 8 de la mañana, otra inquilina, Esbeidy, se fue a trabajar. Ella sería quien por la tarse, cerca de las 7:30, hallaría los cinco cuerpos sin vida.

Según el expediente, los ladrones tomaron las joyas de Yesenia y Nicole. Las introdujeron en una maleta y las llevaron consigo.

A todos los golpearon y luego les dieron el tiro de gracia. Dice el expediente que con Nicole hubo “especial y marcada saña”.

En un principio se advirtió que las cámaras de seguridad del edificio permitirían identificar a los asesinos. Después se anunció que los equipos no servían. Posteriormente fue filtrado el video en que se ve a los asesinos salir del edificio, abordar el Mustang rojo con franjas blancas, propiedad de Nicole, y alejarse.

Inicialmente se mencionó que los vecinos habían visto un vehículo que permaneció varios días en el lugar, vigilando. Luego reconoció la Procuraduría del DF que se trataba del automóvil de Nicole. O sea que no era ningún vehículo sospechoso.

Ríos Garza volvió a recular. La “fiesta” nunca ocurrió. Rubén, Nadia y un amigo de Rubén llegaron al edificio a eso de las 2 de la mañana del viernes 31. Ella se quedó en el departamento. Ellos se marcharon. Por la mañana el periodista regresó. Ahí permaneció. Supuestamente envió un mensaje a las 14:30 diciendo que salía en ese momento hacia su domicilio. No lo hizo. A las 7:30 de la tarde fueron hallados los cuerpos. Los vecinos confirmaron que no hubo fiesta.

El 1 de agosto, el portal Letra Roja señaló que la masacre fue resultado de un conflicto entre bandas colombianas dedicadas al narcotráfico. Aludía a la aprehensión de un conocido narco, originario de Cali, de nombre Alexcey Veru Vázquez, dedicado a reclutar hombres y mujeres procedentes de Bogotá y Cartagena, quienes operan en México.

Nicole habría sido integrante de la banda, y a ella se debe la aprehensión de Alexcey y cuatro cómplices.

Una versión dice que usaron un arma calibre 9 milímetros con silenciador. Otra asegura que usaron almohadas para ahogar el sonido. De ahí que los vecinos aseguran que no escucharon ningún disparo. ¿Eran ladrones o eran sicarios?

Nada, sin embargo, aterrizó en área fértil. La pista del narco se diluye ante la presión de los medios de comunicación y las organizaciones defensoras de los derechos de los periodistas.

Se trata de un montaje que enmascara la pista Veracruz, las amenazas y agresiones del gobierno duartista, el asedio policíaco, el hostigamiento hacia Rubén Espinosa, al grado de verse espiado, encarado, conminado a hacerse a un lado, a callar.

Rebelde, ético, Rubén Espinosa prefirió salir temporalmente de Veracruz antes que ceder a la presión. Se exilió en el DF. Ahí recibió otra amenaza cuando en un café un tipo lo reconoció, le dijo su nombre y le señaló que era el periodista que había tenido que salir de Veracruz.

Iban sobre él. Consumaron su misión el viernes 31 de julio. Ese día lo golpearon, lo torturaron y lo balearon.

Nadia Vera formuló declaraciones contundentes a Rompeviento TV, en internet. Dijo que en Veracruz no mandaba Javier Duarte sino el narco, que el poder estaba en manos de los zetas y que el pueblo se había convertido en la mercancía, que debía pagar cuota si quería trabajar o instalar un negocio.

“Les estorbamos”, expresó. Les estorbamos a unos y a otros. Les estorbamos a la represión legal y a la represión ilegal, señaló la joven.

Nadie fue vejada, presumiblemente atacada sexualmente, torturada y baleada. Murió junto a Rubén Espinosa, su amigo y según algunas referencias periodísticas, su pareja sentimental.

Nicole es un misterio. A cuatro de los muertos se les identifica con nombre y apellidos; a Nicole no. Otras versiones la llaman Simone.

Es el montaje de la droga, la coartada del gobierno capitalino para sostener que fue un robo, o que los sicarios iban por la colombiana. Así diluye y rechaza que el objetivo era Rubén Espinosa, el corresponsal de Proceso y Cuartoscuro y de la agencia AVC. Así descarta que fuera un ataque contra Nadia Vera, quien aseguró que en Veracruz no manda el gobernador sino el narcotráfico.

No se sabe quién es peor: si Javier Duarte o si Miguel Ángel Mancera. Duarte hostiga a la prensa crítica, la criminaliza, le llama “expresión de la delincuencia” y la trata a punta de golpes, de amenazas y de represión. Mancera simula que procura justicia.

¿Por qué no se revela la verdadera identidad de Nicole?

(Con información de mussiocardenas.com)

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