Se desmorona el PRI

Bisagra

Por José Páramo Castro

La desesperación por la sobrevivencia obliga a partidos políticos a morderse la cola. El líder nacional del PRI ahora debe acusar a sus correligionarios para poder obtener credibilidad y seguidores, aunque en realidad se trata de una traición.

Alejandro Moreno Cárdenas fue seleccionado por Enrique Peña Nieto para convertirse en el candidato ganador para gobernar Campeche. En una elección de Estado apoyada desde Los Pinos, ahora Alito propone ir con todo e investigar al gobierno del expresidente Enrique Peña Nieto sobre el espionaje realizado a través de Pegasus, incluso sugiere la creación de una Comisión Especial de Investigación en la próxima LXV Legislatura de la Cámara de Diputados, donde el tricolor tiene cada día menos diputados.

Para ganar simpatías Moreno Cárdenas anunció que “el PRI se compromete a que, una vez iniciada la siguiente Legislatura, impulsaremos la creación de la Comisión para esclarecer el espionaje en México”, a sabiendas de que el impulsor de ese espionaje fue Luis Videgaray, que movía los hilos de Peña Nieto.

Algo no le gustó en el tono del expresidente al acomedido líder priista al felicitar por su cumpleaños a su exjefe, porque momentos después de desearle larga vida y salud, convoca a crear una comisión donde el principal culpable es la persona a la que acababa de felicitar. Esa es la política de Alito, que quiere mantener unido su partido dividiendo no sólo a los militantes sino a los cómplices.

Pintar su raya con los señalados como delincuentes no exculpa a quienes los acusan; sin embargo, como este sistema de imputar para salvarse o tener la coartada de que se denunció a los culpables. Lo que quiere Alito es la impunidad, aunque sea a cambio de dar pruebas de culpabilidad de quienes lo colocaron en la cúspide de la política.

“Felicito con muchísimo afecto a mi amigo, el expresidente de México @EPN. Reciba un abrazo con aprecio, ¡nuestros mejores deseos hoy y siempre!”, le escribió Alito, y dejando el teléfono convocó a crear una comisión para castigar a los espías del sexenio pasado, cuando la hoja del árbol de la obesa burocracia no se movía sin la anuencia de Luis Videgaray, y su secretario particular, Enrique Peña Nieto.

La división del PRI no la integran los decentes y los indecentes, o quienes tienen trayectoria limpia o semilimpia, sino quienes quieren el mando del partido con todos los privilegios que eso implica, entre ellos la impunidad. Y no es que tengan fuero, sino que teniendo un cargo dentro del partido pueden argumentar persecución política cuando en realidad se trata de delincuentes comunes. Tal es el caso de Alito, quien tiene una residencia de más de 46 millones de pesos que construyó cuando era mandatario estatal y percibía ingresos anuales por 5 millones de pesos, es decir, tuvo que integrar todo su salario de esta actividad por más de nueve años, y sólo estuvo en el gobierno de su entidad tres años y tres meses.

La permanencia en el poder del PRI le permitió sangrar a los gobiernos que encabezaba en lo económico, y, en lo político, se montaba en las ideas del presidente en turno para nadar “de muertito”. El periodo del PAN no significó cambio alguno para el PRI ni para nadie. De tal suerte que al no ejercer el poder el tricolor pareciera caminar aceleradamente hacia su desaparición. Si no es bajo la sombra del poder ese organismo político no sabe sobrevivir,

El PRI se cae a pedazos, y esto lejos de unir a sus militantes los divide, los enfrenta y los hacer pelear a muerte entre ellos.

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