Se reinventa el PRI o desaparece

Por: Carlos O. Silva Bandala

El 4 de marzo de 1929 se fundó el PRI.

El 16 de septiembre de 1939 se fundó el PAN.

La Alianza por el Cambio, junto con el Partido Verde Ecologista, ganaron las elecciones en el año 2000 y se eligió por primera vez, después de 71 años de gobiernos priistas, a Vicente Fox del PAN como presidente de la república.

12 años duró la ola azul en el mandato presidencial pues, seguido de Fox, volvió a ganar el PAN con Felipe Calderón, períodos 2000-2012.

Habiendo ganado el PRI nuevamente las elecciones presidenciales a partir del primero de diciembre del 2012 hasta el 30 de noviembre del 2018 con Enrique Peña Nieto. En este último año Morena con AMLO escala hasta la Presidencia de México y así está y estará hasta el 30 de noviembre del 2024, si le favorece, como todo indica será, afianzándolo con la confirmación del mandato presidencial el año 2022.

En las 7 décadas de dominio priista el país cambió mucho en su desarrollo económico, político y social, promovido e impulsado por esos gobiernos 10 años después de haberse fundado el PRI. De 1939 al 2000 el país se transformó; aquella realidad de las décadas de los 40 y 50 a la del 2000 es muy distinta por muchas razones socioeconómicas acontecidas. Y la pregunta es ¿El PRI cambió en consecuencia para adaptarse como partido político a esos cambios?

En 1968 el movimiento estudiantil, siendo presidente de la republica Gustavo Díaz Ordaz, se iniciaron una serie de marchas callejeras en la Ciudad de México que criticaban el autoritarismo del gobierno. El movimiento quería que respetaran la Autonomía Universitaria y exigía la libertad de presos políticos. Pedían que se derogaran los artículos 145 y 145 Bis del Código Penal Federal que instituía el delito de Disolución Social… Ahí estaban los argumentos legaloides para disuadir por las fuerzas de granaderos las manifestaciones multitudinarias. Una de las demandas estudiantiles para desaparecer dicho Cuerpo de Granaderos.

Siendo presidente Gustavo Díaz Ordaz, el 2 de octubre 1968 se suscitó una terrible matanza en la Plaza de las Tres Culturas, Tlatelolco, donde se estimó que entre 300 a 500 estudiantes fueron acribillados y muchos de ellos desaparecidos.

En 1970, con el nuevo gobierno de Luis Echeverria Álvarez se promovió lo que se llamó “La Apertura Democrática”, que derivó en una democracia restringida y regulada, mediando un partido político hegemónico, el PRI; hasta que el año 2000 pierde por primera vez la presidencia de la república con Vicente Fox del PAN. Culmina así uno de los objetivos de la transición democrática anhelada por el pueblo.

Quien fuera el presidente de México en el año 2000, Ernesto Zedillo, un administrador/burócrata, que no era político, que con su “sana distancia del gobierno al PRI” ayudó a desbarrancarlo, después de 71 años de partido hegemónico. El presidente Zedillo tenía dudas fundadas de venganzas priistas/salinistas. Llevar a la cárcel a su hermano Raúl no era cosa menor y las facturas políticas no caducan. Recordemos que Salinas dijo -palabras más, palabras menos- que la economía del país estaba prendida con alfileres, pero Zedillo se los había quitado.

Los poderosos núcleos políticos de las organizaciones que aglutinaba el PRI nunca se entendieron con el presidente Zedillo. Muy simple entenderlo, Zedillo era un tecnócrata, no un político, y como necesitaba ser protegido como expresidente, buscó el refugio panista, uno de los factores determinantes para que Fox ganara la elección, pues al PRI lo desarticuló en gran manera.

Zedillo intentó separarse radicalmente de Salinas. El magnicidio de Colosio y el asesinato de Ruiz Massieu hacían de él muy precavido y temeroso de las reacciones salinistas. 

El México moderno que ahora estamos viviendo está íntimamente relacionado con la férrea estructura política priista. A lo largo y ancho del país se escucha a la gente de los 50 años para arriba decir: “El PRI robó, pero había trabajo”. Los cientos de miles de empleos que se perdieron con la pandemia, aunados a los cientos de miles que ya se requerían, son realidades innegables de que el país está estancado, no crece en lo económico. No es lo mismo recuperar los empleos perdidos, a los empleos de nueva creación. Como dice AMLO: el pueblo no es tonto.

El verdadero poder político presidencial se sustentaba en esa gran estructura política cuyas jerarquías se concentraban en el partido, habiéndolo secuestrado la CNC, CTM, CROC, CNOP, La Organización de las Mujeres, El MNJR, todo lo político militante convivía en esa red de poder y conveniencia económica. La punta del eje vertical poderosísimo era el presidente de la república priista, situación que ahora con AMLO se arrecia aún más. Ni una hoja se movía y no se mueve ahora en política sin la voluntad presidencial.

Para ser diputado, senador, presidente municipal, gobernador de las ciudades más importantes del país, era necesario e imprescindible contar con la voluntad presidencial. ¿Acaso es distinto con AMLO/Morena? Y había señales corporales y de voz amigables que mandaba el presidente para donde se inclinaría su voluntad, PERO NUNCA SE MENCIONABA EL NOMBRE. El escaparate de presidenciales de AMLO parece más bien un montaje o cortina de humo para el verdadero elegido (al final) para sucederlo. Los colocó como piezas de tiro al blanco en feria pueblerina. El gen político de AMLO es en mucho priista. Ahí no hay que perdernos.

La esencia corporativista del PRI ahora es inoperante. La crisis de su identidad con el pueblo es cada vez más preocupante. Su base social en los pobres le fue despojada por Morena y mayormente en las clases medias opera el PAN. Por ello su alianza con el PAN en las elecciones del 6 de junio pasado.

Existen análisis bien fundados que, de no haberlo hecho, solo habría ganado en 4 diputaciones federales. Eso habría sido su muerte pregonada. Ya sabemos que de 12 gobiernos estatales priistas donde hubo elecciones al cambio del ejecutivo estatal, perdió 8. La paradoja es que, a pesar de los números tan decepcionantes en las elecciones pasadas, el PRI sigue siendo muy importante en las decisiones e iniciativas políticas encaminadas desde el presidente López Obrador.

Tanto a Manlio Fabio Beltrones como a Alejandro Moreno no se les debe juzgar a partir de las derrotas electorales que cargan en sus historias. Beltrones perdió 7 gubernaturas y Alito 8. El desprecio de la gente al PRI es real; la animadversión al PRI está en la picota del pueblo. Acostumbrados a ganar a costa de lo que sea, hoy no saben cómo rescatarse a sí mismos desde las derrotas. Por eso habremos de insistir en que convocar al Consejo Político Nacional del PRI, para plantear la reconfirmación de Alito al frente del CEN o su renuncia, así como analizar las circunstancias políticas actuales del partido, escuchando y considerando la experiencia de los viejos, sabios políticos priistas, es más que necesario, urgente.

Al 2024 ya se están trazando rutas. El mismo presidente adelantó nombres. ¿El PRI con quién?… Todo parece advertir que irán en mancuerna para una candidatura en común PRI y PAN.

Si el PRI no se reconfigura, o no se reinventa, carecerá de argumentos lógicos para confirmar una alianza con el PAN. En política no se alía con otro u otros cuando le representan un estorbo.

¿Qué gana el PRI al estar confrontándose con Morena/AMLO? ¿Qué gana haciendo mancuerna con el PAN para dicho fin? Insisto, los pobres están con Morena y para las clases medias el PRI no es santo de su devoción. Al final, después de 77 años de gobiernos priistas, terminar haciendo dupla con el PAN es grotesco. El PRI siempre fue un partido político de izquierda, de izquierda moderada donde cabían los conservadores moderados y los izquierdistas moderados, pero el PAN es el partido de la reacción, es el partido de la derecha, es el partido más reaccionario de México, por eso fue su adversario histórico.

El PRI por hoy tiene vida política muy importante a pesar de todo, lo tiene la Cámara de Diputados Federales; en la Cámara de Senadores está muy menguado, pero late.  

Lo inmediato en el 2022 es no perder al menos Hidalgo y Oaxaca, que son gobiernos priistas, pues habrá elecciones para cambio de 6 ejecutivos estatales.

Para sobrevivir, el PRI necesita tener la capacidad suficiente para resolver sus diferencias internas por la vía del diálogo y el entendimiento, por ahí hay que empezar. El asunto de expulsión del exgobernador de Oaxaca, Ulises Ruiz, y de Nayelli Gutiérrez deja mucho que desear de la capacidad directiva nacional priista para encontrar en las diferencias políticas internas las posibles coincidencias, pues nada es perfecto.

El que sea candidato del PRI al gobierno de Oaxaca el año entrante, desde el Comité Ejecutivo Nacional le habrán puesto el anafre para calentar lo que será su infierno en la campaña política electoral. Ulises Ruiz tiene muchos seguidores Oaxaqueños, es un personaje de convicciones políticas priistas que no están a discusión, no es un cabizbajo político priista, como muchos otros que en la sombra se esconden, se arrinconan. Y los Murat-Casab no son buenos consejeros políticos para las cuestiones aquí planteadas ¡Allá Alito!

 

flormarcc2@gmail.com

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