Silencio mediático cómplice

“(…) el Harry comenzó a cortarle el cuello, se lo cortó por completo”, decía fríamente Clemente Noé Rodríguez mientras se removía en su asiento y miraba a la cámara. El tono de su voz no cambió mientras narraba las supuestas atrocidades que le hicieron al periodista veracruzano Moisés Sánchez. La investigación para las autoridades locales comenzaba a llegar a su fin, con un auto inculpado a cuadro la sed de justicia tendría que amainar. El actor (perdón el auto inculpado) recitaba un guión ideal para contar la versión de la Procuraduría General de Justicia de Veracruz.

No sería la primera vez que se corrobora que Veracruz es una fábrica para la creación de chivos expiatorios en casos de periodistas.

Todavía no se sabe quién mató a Regina Martínez, corresponsal de Proceso en ese estado. Tampoco a Gregorio Jiménez ni a los otros 6 periodistas que han sido asesinados durante la gestión de Javier Duarte. La impunidad es el común denominador. Entonces, por favor, permítanme tener serias dudas sobre los dichos, pruebas y videos editados que presenta la procuraduría veracruzana. No sería la primera vez que inventan testimonios, pruebas y cuentan una historia de ficción únicamente para litigar en medios.

Desde que el hijo de Moisés Sánchez estuvo en el noticiero de Carmen Aristegui, el procurador Luis Ángel Bravo Contreras reparó que el litigio en medios tenía que acelerarse y arrojar resultados era imperativo. Una aparición en un popular noticiero cambió la suerte del caso, aparentemente. Desde ese día, el mediático procurador aparecía con una historia consistente, pero no del todo coherente, y mucho menos basada en hechos y evidencias. Pero eso ya son detalles que a nadie parece importarles.

Ante el cuenta cuentos veracruzano, la PGR guarda cuidadosa distancia para no interrumpir a aquel que narra. A pesar de tener la facultad legal, los antecedentes históricos de cómo investiga la justicia en Veracruz y a una comunidad de periodistas amordazados peor el miedo en ese estado (es decir, tener todo los motivos), la PGR prefiere la tibieza y opta no por quitarle el guión a procurador Bravo asentado implícitamente que prefería ver la obra desde la butaca. La PGR afirmó que haría su investigación paralela, habrá que ver si corroboran o el entuerto político se complica aún más. Hasta aquí nada nuevo en el ámbito de la procuración de justicia.

Pero hay dos ángulos que también tiene que ser puestos sobre la mesa cuando hablamos del caso de Moisés Sánchez. El primero es: ¿Porqué a la sociedad local y nacional no le importa el destino de Moisés? ¿O será que sí les importa y no saben qué hacer? Me inclino por la primera. De ser cierta, entonces la sociedad no tiene ni idea qué se pierde con el silencio de la voz de Moisés. No reconoce su aportación periodística e informativa. Hoy el silencio en Medellín es total. Aquellos que desaparecieron a Moisés Saben descansan porque no hay nadie que denuncie e informe. El camino está limpio, no está Moisés. Y así, ante esta indiferencia de una sociedad que no se apropia de su prensa, hemos llegado a 81 periodistas asesinados desde el 2000.

Implica contar una compleja historia del periodismo mexicano para entender porqué la prensa ve con desdén a la sociedad (y no así a los poderes), y la sociedad no la reconoce como aliada.

Hasta la conferencia de prensa del auto inculpado salvador, Moisés Sánchez llevaba 23 días desaparecido. Haciendo un seguimiento de la cobertura del caso de Moisés en Reforma, La Jornada, Excélsior, Milenio, El Universal y Crónica, es suficiente evidencia para señalar de lo que adolece nuestro periodismo.

Elemento que me sorprende, pero no por ello es menos preocupante, es el hecho que el actor que más cobertura tuvo durante 21 días fue la autoridad estatal con un 46% de cobertura en las notas revisadas. Esto confirmaría el carácter mediático del procurador de Veracruz. En segundo lugar con 22% están las ONGs, en muchos casos señalando el contexto de inseguridad para la prensa en el estado. Resulta interesante que el 13% de la cobertura fue sobre las protestas contra la desaparición y el 12% la voz de los familiares de Moisés.

Si juntamos todas las fuentes gubernamentales (municipal, estatal y federal) arrojaría que el 57% de la cobertura realizada por El Universal estuvo basada en dichos de autoridad. El 21% de ONGs compitiendo en voz con el imputado que representa el 21%. Ese diario no consideró relevante la voz de las víctimas.

La cobertura de Reforma fue de las más equilibradas aunque como en el resto es la autoridad estatal quien lleva la voz cantante con un 33%, seguido con una relevante cobertura de las protestas de colegas periodistas con un 27% (es relevante mencionar que únicamente Milenio y Reforma realizaron una cobertura importante de las protestas) y un 20% de la cobertura fue la perspectiva de las víctimas y en el mismo porcentaje las ONGs. El porcentaje referente a las víctimas es el ejemplo más alto que encontramos en la revisión

La cobertura de Excélsior resalta por lo parcial de ésta. El 64% de la cobertura de Excélsior es la voz de las autoridades estatales más un 9% de la autoridad municipal, es decir un 73% en total. Luego un 18% de ONGs (principalmente la Sociedad Interamericana de Prensa) y un 9% fue para los partidos políticos. Las protestas, la familia u otras voces de colegas no fueron fuente para este diario.

La Crónica anda por los mismo parajes que Excélsior, 63% para autoridades estatales, y con un gran énfasis en el procurador. 25% para ONGs y, a diferencia del anterior, las víctimas ocuparon un 13%.

Milenio fue el diario que más cobertura le dio a las protestas de colegas periodistas por la desaparición de Moisés Sánchez con un 27%. El mismo porcentaje tiene las autoridades estatales. Igual que El Universal y La Jornada, Milenio le da una cobertura relevante al imputado con un 18%, el mismo espacio que para las víctimas. Actores como ONGs o autoridades federales no fueron fuente para este diario

La Jornada sigue la misma tendencia. Primero la voz gubernamental (36%) y después el resto de las fuentes. En segundo lugar están las ONGs (21%) y el imputado (21%). En tercero, como también es la tendencia van las víctimas (14%), recordemos que únicamente Milenio, La Jornada y Reforma consideraron a las víctimas como fuentes. Por último, están los partidos políticos (7%).

La revisión podría ser mucho más profunda, claramente, sin embargo, si regresamos al inicio del texto dónde señalaba la estrategia de comunicación de las autoridades de la procuraduría, podríamos concluir que la cobertura en estos relevantes diarios fue una herramienta eficiente para ello. Es decir, los mensajeros llevaron el mensaje del cuenta cuentos de Xalapa.

Está claro que la impunidad crece con el silencio cómplice y coberturas parciales de un gran número de la prensa escrita. El miedo avanza conforme avanza la impunidad en los casos de violencia. Al unísono, la desinformación provocada por el silencio de voces como la de Moisés se va afianzando para el goce de los perpetradores. Mientras a la sociedad no le importe que maten a su prensa. Mientras a la misma prensa no le importe que están matando a sus colegas (por más que haya una diferencia entre el periodista-celebridad de la capital con el periodista local de Medellín de Bravo) la impunidad seguirá ensanchándose. Las autoridades seguirán omisas e irresponsables, o bien, seguirán su carrera de guionistas de la justicia.

Los colegas de Veracruz necesitan el respaldo, la solidaridad al momento de exigir justicia. Solo eso. Justicia y alto a la impunidad como señal de aliento. Fueron pocos los que alzaron la voz, pero sí hay esos reporteros valientes que salen a las calles a pesar del miedo.

(Con información de Sin Embargo)

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