Sin prestaciones, policías federales

Un balazo en el pie

Desde el inicio de la administración las prestaciones laborales de los uniformados se reducen drásticamente

Por Ángel Álvaro Peña

Cuando la inseguridad es el principal problema del país, los esfuerzos que deben hacer las autoridades siempre serán insuficientes. Más aun tratándose de los responsables de meter en cintura a la delincuencia e imponer el orden.

De esta manera, ahora el gobierno ha dejado sin prestaciones laborales a los policías federales, quienes en lugar de ver fortalecido su entorno laboral se les arrebata, sin explicación alguna, a lo que deben tener derecho por cuestiones inherentes a su gran responsabilidad.

Ante una situación inexplicable en el ámbito laboral de los policías federales los han dejado sin comedor, sin estímulos salariales, sin bonos de riesgo, sin bonos a escoltas, sin viáticos, sin seguro de vida, sin seguro de gastos médicos.

Esto representa colocar a los policías federales en la línea de fuego sin ninguna protección para ellos y para su familia, sobre todo en momentos en los que salarialmente hay ajustes y lo que ellos vivieron sólo fue una reducción en sus percepciones económicas que a todas luces es una injusticia.

Es poco conocido este problema porque todos y cada uno de los hombres y mujeres que conforman la Policía Federal temen represalias que podrían afectar su integridad o, por lo menos, su trabajo. De por sí no eran bien pagados, su salario no justifica el esfuerzo ni el riesgo, ahora les reducen prestaciones y bonos que formaban parte de su ingreso familiar, dejándolos en total indefensión no sólo ante el crimen sino por su propia sobrevivencia.

Es muy lamentable que los encargados de resolver el principal problema del país tengan problemas familiares a causa de sus bajos ingresos y nulas prestaciones. Esto coloca a la población en total indefensión, porque dentro de los protocolos de toda corporación policíaca se cuida y resguarda la actitud de sus miembros; sin embargo, ahora, sorpresiva e injustamente, a los policías federales, se les castiga peor que si fueran delincuentes.

Las pruebas de eficiencia y honestidad de la Policía Federal han servido para que muchos mexicanos no padecieran en carne propia las consecuencias de la inseguridad, pero esto parece no ser suficiente para los mandos que, sin saber nada de estrategia policíaca, dejan indefensos económicamente a quienes luchan por la seguridad de los mexicanos.

Los designados al frente de la Policía Federal fueron burócratas y no policías. Les interesaban los altos salarios para familiares y amigos y se desentendían de un ejercicio social que ignoraban.

Hasta la fecha no ha habido un solo mando superior que mostrara eficiencia en su labor, todos los éxitos de la Policía Federal deben adjudicarse a la valentía y arrojo de los uniformados que se enfrentan directamente a los delincuentes.

Las cabezas de la Policía Federal han sido, hasta ahora, recomendados, quienes a su vez nombran a otros recomendados para que ganen los mejores salarios y tengan las mejores prestaciones. La dirección de la policía federal se ha otorgado para pagar favores políticos o por compadrazgo, sin que su labor haya sobresalido; lo mucho que se ha hecho en beneficio de la integridad de los mexicanos se debe a la experiencia de muchos policías que conocen su trabajo y conducen a sus grupos a actuar de manera eficiente en la lucha contra el crimen.

Quienes se juegan la vida resguardando la seguridad de los mexicanos, carecen de la protección de sus superiores, quienes sólo aprovechan el cargo para beneficiarse ellos. Desde la llegada de la nueva administración no ha habido un solo logro salarial para los trabajadores de la Policía Federal, al contrario, se les regatean sus derechos y se les deja, de la noche a la mañana, sin seguridad a sus familias.

La inconformidad al interior del cuartel general de la Policía Federal, y en todas sus instalaciones, crece y puede llegar a desbordarse de no hacerse algo rápido. El principal objetivo de esta protesta es recuperar sus prestaciones laborales y, sobre todo, que esté a la cabeza un policía de carrera y no improvisados como el actual Manelich Castilla Craviotto, ex Comisionado General de la Policía Federal, quien en entrevista televisiva aseguró que todo está bien en la Policía Federal, cuando en realidad lo que está mal es la condición laboral de sus trabajadores que ponen de por medio su vida para garantizar la seguridad de los mexicanos.

Debe subrayarse la participación de dos de los elementos de la Policía Federal, quienes atraparon a Joaquín Guzmán Loera, alias El Chapo, y no se dejaron sobornar por el delincuente, a pesar de lo tentador de la cifra que ofrecía.

Pero no sólo hay ejemplos como Manelich, sino que todos en su momento sólo reforzaron una burocracia diaria dentro de una estructura que debía estar dedicada a la lucha contra el crimen y no para favorecer a los amigos y familiares de gente como Facundo Rosas Rosas, Rodrigo Esparza Cisterna, Víctor Garay Cadena, etc.

En el esquema de la seguridad ha habido muchos funcionarios públicos que sólo actuaron en beneficio propio, haciendo a un lado la responsabilidad vital que les correspondía, personajes de triste historia como Genaro García Luna, Omar Fayad, Gertz Manero, Mondragón y Kalb, Galindo Ceballos, que se distinguieron por su ineficacia y sus actos corruptos dentro de la corporación.

Como no son policías de carrera nunca se preocuparon por la tropa, la cual ahora carece de servicios médicos adecuados.

Estos últimos son calificados por los agentes como ejemplo de personas que estuvieron frente de una responsabilidad que sólo les sirvió para que hicieran dinero.

Los policías claman que no le temen al cambio, se han adaptado a él, esos cambios forman parte de su historia laboral, que data de 1999, fecha en la cual se deja en manos de políticos la responsabilidad de salvaguardar la integridad de los mexicanos, pero que se caracterizó por la incompetencia y la corrupción.

Los agentes se quejan de que cada seis años es lo mismo, pero será responsabilidad de ellos seguir haciendo historia y trabajar con honestidad y valentía en pro de la seguridad del país, del cual se sienten muy orgullosos. Por eso exponen su vida en cada servicio a la comunidad.

Las condiciones laborales y humanas de los encargados de brindar seguridad a los mexicanos deben ser otras muy diferentes. De su integridad, de su equilibrio físico y emocional depende la vida de millones de mexicanos. Esperemos que se cobre conciencia de esta responsabilidad que empieza en la cúpula del poder.

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