Thalía, premio Nobel

Por José Páramo Castro

 

Atribuirle a la cantante del grupo Timbiriche alguna relación con la política es elevarla a niveles que nunca tendrá. Sin embargo, sus impulsos la llevaron convertirse en baluarte de los enemigos del régimen, a pesar de que la pobre mujer no terminó ni la secundaria.

La recuerdo en los pasillos del diario Ovaciones, adolescente, casi niña, sin más instrucción que la de un coreógrafo y una cantante que le ayudaba a entonar. De la escuela nada sabía ni ha vuelto a saber desde entonces.

Sin embargo, su posición ante una enfermedad de la que seguramente sabe muy poco o nada, la llevó a hacer circular un video que la coloca en el lado oscuro de la historia contemporánea y sólo sirve para aterrorizar a los todavía poco informados. Porque todavía hay malos informantes o comunicadores que apuestan la vida de otros a costa de su verdad, una verdad no sólo relativa sino amañanda, interesada o, en el mejor de los casos, producto del resentimiento y el odio.

Porque a pesar de las emergencias del momento hay quienes azuzan a la población a actuar por cuenta propia y, de paso, sólo de paso, desprestigiar al gobierno y su campaña para la protección del coronavirus. Muchos periodistas, ya desacreditados por el cúmulo de mentiras difundidas, que pueden convertirse en un arma mortal, siguen ocupando espacios en los medios a grado tal que la indignación resurge en la población a pesar de que son tiempos de unidad.

Desde luego que se trata de una unidad donde ellos no participan. Desde la ñoña defensa del terror de Thalía hasta la mediocridad de los desprestigiados comunicadores, aprovechan los tiempos de crisis para echar agua a su molino. Así es la derecha, y para comprobarlo está ahí la historia abierta en cualquier lugar donde se narre la verdad.

Ahora hasta una perfecta analfabeta reta a un gobierno que pugna por la igualdad y en esa igualdad se crecen los mediocres que no alcanzan ni siquiera la mediana estatura del ser humano. Desde las compras de pánico hasta los saqueos a tiendas sus hilos están manejados por las mismas manos. La solidaridad de los mexicanos tiene como adversario al individualismo más egoísta que impone la derecha. Esto también puede comprobarse en la historia de México.

Son manipulaciones a sueldo que promueven un caso que ahora la derecha necesita más que nunca. La urgente necesidad de desestabilizar a un gobierno que puede no ser perfecto, pero avanzó mucho al arrebatarle los privilegios a un grupo de poderosos que se decían dueños del país y actuaban en consecuencia, así como lo hacían sus antepasados hace 100 años, dueños de vidas y haciendas.

Pedir solidaridad y llamar a la unidad es una obligación, pero ante estos adversarios que no descansan para desprestigiar y desatrancar un gobierno legítimo, acudir al llamado de unidad resulta ser una verdadera ingenuidad.

Hay enemigos y están señalados por ellos mismos como tales. Habrá que seguir exhibiéndolos y, no hay nadie más que la población para que ejecute el juicio sumario del olvido.

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