Todos contra AMLO y Aristegui

Guerra sucia impune

Desde la más recalcitrante y rancia derecha surgen los rumores de distracción y desestabilización social

Por Staff

Las principales descalificaciones contra Andrés Manuel López Obrador vienen de una izquierda desgastada, sin comunicación con la población y sin sustento.

Las otras vienen de una derecha que tiene repitiendo 18 años lo mismo, sin que se le castigue ni señale desde las instancias dedicadas  a la procuración de justicia. Es decir, la guerra sucia es una práctica permitida por quienes encabezan las instituciones.

Pareciera que su ideario político es tan rutinario y repetitivo como las críticas al líder nacional de Morena.

Lo del Lamborghini, que le adjudican a su hijo, es una prueba de ello. Si fuera cierto que es de su propiedad, TV Azteca y Televisa, El Universal, La Razón y Excélsior, hubieran exhibido su factura y registro hasta el cansancio.

Habría fotos de ese vehículo estacionado en su casa. Lo estarían cazando afuera de su casa, etc.

Lo mismo sucede con la pregunta reiterada sobre los ingresos que obtiene para sobrevivir el líder de Morena. Lo ha respondido hasta el cansancio, así como las mismas críticas a su persona, a su equipo, a su familia.

Sus críticos centran su atención en cantidades irrisorias comparadas con los líderes de otros partidos, los funcionarios en activo, los gobernadores condenados por la opinión pública. Pero la noticia que quieren destacar los medios convencionales es la corrupción de un líder que ha librado y explicado las críticas hasta la saciedad.

Existe una visión muy tendenciosa sobre la vida que debe llevar un dirigente de izquierda, un líder popular. Se critica que tenga dinero aunque tenga todo el derecho a tenerlo.

Los líderes naturales, los verdaderos, no tienen derecho a ser atendidos en clínicas privadas, ni sus hijos pueden estudiar en universidades privadas, ni pueden tener carros último modelo, aunque no sean de lujo. Pero son incapaces de ver los lujos de los personajes que en el fondo están defendiendo, a cuyo nombre cuestionan a los líderes auténticos.

Dentro de esta guerra sucia se apoderan de las redes sociales una serie de mentiras que utilizan para desestabilizar una parte indecisa de la opinión pública.

Uno de esos casos es el anuncio de la falsa muerte de Carmen Aristegui, rumor que empezó a circular a principios de marzo del presente año.

La periodista Lydia Cacho señala al respecto: “Los que pagaron por crear la falsa noticia son Jorge Camarillo y Armando de León; nos preguntamos ¿para quién trabajan? Los datos duros, la ruta del dinero y las huellas cibernéticas no mienten cuando hacemos periodismo profesional. Ambos personajes trabajan para Heriberto Félix, Ernesto Cordero y Juan Ignacio Zavala. En nuestra investigación encontramos que son los mismos que en varias ocasiones “mataron” a Chespirito y a Chabelo para desviar la atención de noticias serias de ataques militares a civiles e importantes datos aportados por investigaciones periodísticas de primer nivel”.

La guerra sucia recurre a la indecisión política de la población, a su desinformación y a su mala memoria. Le apuesta, en pocas palabras, al desprecio que tienen hacia los demás.

Así, la guerra sucia seguirá desde todas las esferas del poder político y muchas veces de altos niveles de la política.

De no investigarse y sancionarse de manera ejemplar esta práctica que hasta la fecha ha quedado impune, el país será un caos con una tendencia irreversible hacia la violencia interna.

La derecha en México crea una efervescencia social que no podrá detener ninguno de sus gobiernos ni cualquiera de sus anacrónicas ideas sobre la realidad del país.

Encuentra este artículo en las páginas 14 y 15 de la edición 29 de la revista Políticos al desnudo

Con información de Políticos Al Desnudo

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