UE redobla la presión a Holanda para desbloquear la ayuda de medio billón de euros

Los ministros de Finanzas de la UE han demostrado sobradamente que los avances solo llegan con la presión. Y eso es lo que trataban de imprimir en la noche del jueves Alemania y Francia para que los Países Bajos levantaran el bloqueo al acuerdo para dotar a Europa de un paquete de medidas de más de medio billón de euros para afrontar la pandemia. Los contactos bilaterales, en especial con La Haya y Roma, retrasaron el Eurogrupo virtual, en el que participaban los Veintisiete. “Estamos muy cerca del acuerdo. Y todavía creo que esta vez estaremos a la altura”, dijo el presidente del Eurogrupo, Mário Centeno.

Tras el fiasco de la madrugada del miércoles, Francia y Alemania tomaron las riendas de las negociaciones para alcanzar un acuerdo. En varias capitales cundía la urgencia del pacto y de dejar atrás los broncos debates de los últimos días y apuntaban como responsable a los Países Bajos —que insistían en condicionar a reformas y ajustes las líneas de liquidez contra la pandemia—. Italia y España, entre otros Estados, se oponían a esa posibilidad. “No hay pasajeros de primera”, recordó Mário Centeno. Pese a que estaba previsto que empezara a las cinco de la tarde, la reunión de ministros no había comenzado ni siquiera al comienzo de la noche.

Fuentes diplomáticas confirmaron que, tras el fiasco de la madrugada del miércoles, el vicecanciller alemán, Olaf Scholz, y el ministro francés, Bruno Le Maire, llamaron a varios de sus homólogos para allanar el terreno a un acuerdo. La canciller alemana, Angela Merkel, explicó que había hablado con el primer ministro italiano, Giuseppe Conte, con quien compartía diagnóstico. “Hay una necesidad urgente de solidaridad”, sostuvo Merkel. Desde el Elíseo, a su vez, salía un mensaje hacia La Haya: el bloqueo era “contraproducente, incomprensible y no podía durar”, según trasladó a la agencia France Presse. “Un fracaso es impensable”, añadió Le Maire.

Poco antes de la reunión, Scholz dijo que el acuerdo parecía “posible”. Fuentes comunitarias se mostraron igualmente optimistas, pero se resistían a cantar victoria hasta que la reunión arrancara y los puntos se cerraran. El acuerdo final debía ir en la línea de la propuesta formulada por Centeno. El fondo de rescate europeo (Mede) debía ser usado como mecanismo para dispensar liquidez a los países con una mayor emergencia sanitaria y social en caso de que la crisis les impida acudir a los mercados. A pesar de que ambos niegan que quieran pedir esas líneas de crédito, todos los socios apuntan a España e Italia.

El acuerdo finalmente no contempla la creación de un “instrumento de financiación rápida”, sino que usa una línea de crédito ya existente para poner a disposición de todos los países del euro hasta 240.000 millones de euros en préstamos.

Según fuentes diplomáticas, Italia ya había dado el paso y aceptaba que el Mede fuera el nuevo mecanismo de defensa. Sin embargo, los Países Bajos no cedían y querían fijar exigencias fiscales y financieras a los países que accedieran a él. Es decir, un rescate. Sin más concreciones, el primer ministro holandés, Mark Rutte, dijo antes del Eurogrupo: “Estamos intentando hacer el máximo para contribuir a que las negociaciones lleguen a buen puerto”.

Esos créditos del Mede debían ir acompañados de préstamos del Banco Europeo de Inversiones (BEI) por hasta 200.000 millones para empresas y otros 100.000 millones de la Comisión para la financiación de esquemas de suspensión temporal del empleo, como los ERTE.

La posibilidad de que ese paquete volviera a naufragar puso en guardia sobre todo a los líderes del Sur. “Es un gran desafío a la existencia de Europa”, sostuvo Conte en la BBC. El italiano, muy reacio al fondo de rescate, advirtió de que otro fracaso significará una gran “decepción” para los europeos. También el presidente Pedro Sánchez lanzó una alerta. “La UE está en peligro si no muestra una solidaridad sin fisuras”, advirtió. La presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, aportó su granito de arena en una tribuna en varios medios. “La solidaridad es una cuestión de interés propio”, sostuvo.

Aun así, Merkel puso límites a esa solidaridad, que en su opinión tiene “muchos caminos”. Y precisamente el de los eurobonos no pasa por Berlín. “No creo que debamos tener deuda conjunta a causa de la situación de nuestra unión política”, afirmó la canciller. Ese era el otro escollo que trataban de resolver los ministros: cómo recoger en el documento las aspiraciones francesas, españolas e italianas de un fondo de reconstrucción cuyo coste sea compartido por los Veintisiete.

Los eurobonos siguen siendo una línea roja. No solo en Berlín o La Haya, sino también en Helsinki o Viena. Sus ministros lo han recordado en los últimos días. En cambio, son una prioridad para el Sur. Llámense coronabonos o fondo de recuperación. La vicepresidenta Nadia Calviño consideró que el paquete adoptado por los Veintisiete es “importante”, pero “no suficiente” e insistió en articular un mecanismo de “puesta en común de la deuda” a medio plazo. Todo apuntaba a que finalmente ese instrumento se recogería en un apartado genérico de las conclusiones para que acaben de perfilarlo los jefes de Estado y de Gobierno. Eso si los ministros no acaban decidiendo que la presión todavía no es suficiente para alcanzar un acuerdo.

El abismo económico está más cerca que nunca y Francia no quiere caer en picado. Por eso, el Gobierno ha decidido duplicar el plan de emergencia ante la epidemia de coronavirus hasta los 100.000 millones de euros —frente a los 45.000 millones iniciales—, además de aprobar un aumento “excepcional” este año del gasto en Sanidad de 2.000 a 7.000 millones de euros, informa Silvia Ayuso.

Así lo han anunciado al diario Les Echos los ministros de Economía y de Acción Pública, Bruno Le Maire y Gérald Darmanin. Lo hacen tras confirmar que hasta las peores previsiones se quedan cortas. Según sus estimaciones, la segunda economía del euro se contraerá un 6% este año (hace menos de un mes, la previsión era del -1%). Mientras, el déficit público se disparará al 7,6% y la deuda pública también vivirá una explosión —no hay hipérbole que sobre en estos momentos— del 112%.

“Se trata de la mayor recesión en Francia desde 1945. Sigue habiendo factores desconocidos y esta previsión puede evolucionar todavía, especialmente en lo que se trata de la duración del confinamiento”, dijo Le Maire. Las nuevas cuentas se conocen un día después de que el Banco de Francia constatara ya que la economía francesa retrocedió un 6% en el primer trimestre. El Elíseo ya ha confirmado que el confinamiento se prolongará más allá del 15 de abril.

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