Un antes y un después

Por: Ricardo Homs

Estamos a casi un mes de que se lleven a cabo las elecciones intermedias más importantes de los últimos años. Tan importantes que representan para el gobierno del presidente López Obrador una disyuntiva: o conformarse con la mayoría simple en la Cámara de Diputados, lo que representa tener a su favor por lo menos la mitad de los diputados más uno y esto significa tener que negociar con la oposición cualquier reforma que pretenda instrumentar MORENA, a favor del proyecto de nación de la 4T, o mantener la mayoría calificada que hoy posee y que permitiría seguir manteniendo el control del órgano legislativo de la nación.

Sin embargo, lo importante es el contexto en que se llevará a cabo la votación. Por una parte, vivimos en un país polarizado entre dos bandos: el que está a favor de MORENA y sus aliados y el bloque opositor.

Todas las elecciones intermedias anteriores se llevaron a cabo ofreciendo al elector varias opciones y el eje de cada campaña era el candidato, lo cual daba un rostro humano a la elección. El ciudadano escogía a partir de la conexión intuitiva con una persona.

En cambio, en estas elecciones el eje de la decisión es votar a favor o en contra del proyecto de gobierno del presidente de la república. Se votará por un proyecto político y el candidato pasa a segundo plano, lo cual da a esta elección la virulencia de la confrontación ideológica rescatando un concepto ya olvidado desde hace muchos años: la lucha de clases. Un voto polarizado

Además, para efectos prácticos el inicio de campañas se ha retrasado y efectivamente en muchos municipios y distritos los candidatos están saliendo a hacer proselitismo solamente durante un mes, lo cual hace imposible que el ciudadano identifique a la persona por la que votará, sobre todo si es un candidato que no tiene trabajo social o político previo en su comunidad. Los candidatos casi están ausentes, excepto los casos emblemáticos que han tenido gran difusión en los noticieros de radio, TV y prensa.

También debemos reconocer que es una campaña sin propuestas por parte de los candidatos y más bien está sustentada en las descalificaciones, lo cual deja en el electorado la sensación de que todos son malos y la política es sucia.

Serán unas elecciones conflictivas, que en muchísimos casos se resolverán en tribunales, pues hoy más que nunca, con base en la polarización, los perdedores no aceptarán su derrota.

La campaña gubernamental en contra del INE y del TRIFE, le está haciendo mucho daño a la democracia, pues la descalificación del árbitro genera desconfianza.

La polarización y el show mediático de Félix Salgado Macedonio en contra del INE ha generado un impacto devastador a nivel nacional. Ha impactado al estado de ánimo colectivo, degradando la política. Cuando los argumentos se sustituyen por amenazas, el mensaje que recibe el ciudadano es que en este país nada se consigue por el camino de la ley y el estado de derecho, sino peleando.

Hoy este contexto ha estimulado un ánimo beligerante que trasciende mucho más allá de lo electoral y lo lleva a la resolución de problemas específicos de cada comunidad a través de la violencia y el conflicto, lo cual anticipa graves problemas sociales a lo largo de todo nuestro territorio. La gobernabilidad simple y pura estará en entredicho y la legitimidad de los gobernantes, cuestionada.

Si aún queda algo de sentido común en nuestra clase política, después de la elección del 06 de junio próximo tendrán que hacer un recuento de daños y aceptar que su liderazgo público y su influencia en su comunidad exigen responsabilidad y mesura, pues exacerbar los ánimos impacta negativamente en la gobernabilidad. Promover la discordia desde los cargos gubernamentales es como un disparo en el propio pie, pues se generan los problemas que tarde que temprano ellos mismos tendrán que resolver.

¿A usted, qué le parece?

 

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