Un México de pobres: la visión de López Obrador

Por Zaynne Córdoba T.

No es un secreto que la aprobación de la llamada cuarta transformación va en decadencia, hecho que quedó demostrado en los pasados comicios donde, si bien aún cuentan con un gran respaldo de algunos sectores de la población, ya no con el de los sectores productivos.

Basta con ver los resultados en las alcaldías de la Ciudad de México, que siempre había sido el bastión más fuerte del presidente López Obrador y su visión de gobierno, pero que hoy en día esa visión solo se sostiene de apoyos sociales y generación de ciudadanos dependientes, y que ya no es compartida por la mayoría.

Podemos deducir que es culpa de las malas decisiones gubernamentales. Hoy las promesas ya no sirven pues, a tres años de haber arrasado en las urnas, son los hechos los que cuentan, mismos que distan mucho de las propuestas de aquella transformación que prometía igualarnos a Dinamarca, Alemania y las más grandes potencias mundiales y que, por el contrario, nos han convertido en una república bananera, de ocurrencias, de simulaciones; en un mal espectáculo circense donde la estrella principal porta la banda presidencial y utiliza diariamente los canales oficiales para culpar a todos de su fracaso.

El pasado viernes, durante su conferencia mañanera, Andrés Manuel López Obrador culpó a los ciudadanos productivos de la decadencia de su movimiento. Estigmatizó como pecador a todo aquel que aspire a más que vivir de un apoyo de su gobierno, a quienes se esfuerzan día a día para llevar comida a su mesa, a quienes estudian para conseguir un mejor futuro para ellos y sus familias: a la clase media.

De acuerdo con la opinión del presidente de los mexicanos, tener aspiraciones de superarse en la vida es un pecado que no se limpia ni con el sacramento de la confesión; fuertes declaraciones para alguien que dice ser cristiano, pero que –con todo respeto- solo abre la boca para escupir maldiciones.

Esta no es la primera vez que López Obrador utiliza su conferencia para atacar a la clase media; el año pasado la culpó por no haber podido bajar las cifras de secuestro porque los secuestradores no se fijan en los pobres, sino en los que tienen para pagar un rescate. Por lo tanto, la solución para bajar los índices de la delincuencia es que todos seamos pobres, así nadie nos secuestraría y tampoco tendríamos nada que pudieran robarnos. Habría que preguntarles a nuestros hermanos venezolanos qué tal les va a ellos con la delincuencia después de que Nicolás Maduro logró la meta de tener un país de pobres.

El presidente que tardó catorce años en terminar una licenciatura llamó egoístas e hipócritas a todos aquellos que prefieren estudiar, trabajar, tener deseos de superación para salir adelante en la vida, a quienes tienen licenciaturas, maestrías y doctorados, y no se conforman con que el gobierno les ofrezca unos pesos.

El titular del ejecutivo tiene un profundo resentimiento, un innegable rencor hacia una clase media y hacia profesionistas que hace tres años le dieron a través de su voto una oportunidad a su proyecto de nación, pero que en esta ocasión ya no lo hicieron pues les falló.

Médicos, contadores, científicos, abogados, ingenieros, arquitectos, periodistas, maestros, estudiantes, personas de trabajo, se niegan a depender de las migajas que él pueda ofrecerles y por esa razón constantemente en sus mañaneras los ha señalado, menospreciado, criticado, atacado.

¿Por qué tanto odio a quienes se superan con base en el esfuerzo del estudio y el trabajo duro? La respuesta es obvia: porque a ellos no los puede comprar, a ellos ya no los puede convencer con promesas vacías; ellos ya le dieron una oportunidad y fracasó.

Hoy el presidente tiene una sola estrategia para mantener el poder: generar pobreza, desempleo, cerrar toda puerta a las inversiones, auditar hasta el último centavo que produzcas y, cuando ya te tenga en la miseria, convertirse en la mano piadosa que te dé de comer.

De seguir por el camino que quiere el presidente, esa, seguramente, será la quinta y última transformación de México: un México dependiente, ignorante y jodido.

 

 

 

 

 

Las opiniones expresadas por los columnistas son independientes y no reflejan necesariamente el punto de vista de Noticias Veracruz.

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