Universidad Veracruzana exige justicia a Duarte, a 30 días de la agresión a ocho alumnos

A un mes de la agresión que sufrieron ocho estudiantes de la Universidad Veracruzana (UV) en manos de un grupo de 10 personas que irrumpió en una fiesta que realizaba los jóvenes, la institución exigió el día de hoy al Gobierno de Javier Duarte Ochoa resultados en las investigaciones.

“A un mes de ese hecho que conmovió a nuestra comunidad universitaria no existe pronunciamiento por parte de las autoridades competentes en el que se expliquen los avances que se han obtenido derivados de las acciones investigadoras para identificar a los actores intelectuales o materiales de la agresión física sufrida a nuestros universitarios”, señaló la UV en un comunicado.

La comunidad universitaria exigió a las autoridades investigadoras competentes resultados inmediatos, pero con seriedad y responsabilidad, “que sean objetivos, que estén dentro del marco de la legalidad pero sin transgredir con ello la secrecía del caso”.

La Universidad Veracruzana exigió que los resultados transparenten de la mejor forma posible el estricto cumplimiento de la ley, “que permita a la comunidad universitaria estar enterada de las acciones y de los resultados obtenidos de la investigación de esos hechos donde fueron agredidos varios jóvenes universitarios”.

La institución aseguró que no ha escatimado esfuerzo alguno en proporcionar ante las autoridades la información solicitada, el acompañamiento físico a los jóvenes agredidos y la asesoría legal pertinente.

EL ATAQUE

El pasado 5 de julio, ocho estudiantes de la Universidad Veracruzana fueron agredidos con armas largas, machetes, palos y bates por un grupo de 10 personas que irrumpió en una fiesta que realizaban los jóvenes en la capital del estado.

Nadie lo imaginó. Se reunieron horas antes para comerse un pastel juntos, compartieron palomitas y un poco de jugo Boing. La casa del cumpleañero era el lugar perfecto para reunirse por la cercanía con el área de humanidades donde la mayoría estudia.

El ruido de un automóvil se escuchó cerca, de pronto golpes sobre la puerta, las ventanas estallando, el terror de no saber hacia dónde correr porque la casa es en realidad una habitación con baño.

No hubo tiempo ni de preguntar la razón, sin dar minutos para esconderse, los agresores lanzaron sobre los muchachos sus palos y machetes. Sobre la espalda a algunos, directo a la desfiguración del rostro para otros tres.

No les importó que hubiera mujeres, los golpes se dieron sin distinción. Los insultos llovieron y la sangre también.

“Entraron rompiendo las ventanas y la puerta, empezaron a golpearnos rápidamente. Yo alcancé a taparme pero nos golpearon y nos decían muchas groserías. Varias veces gritaron ‘vámonos’ pero no se iban. Me escondí por la cama, pero nos decían que nos íbamos a morir”, recuerda la única estudiante que no tuvo que ser hospitalizada.

Una estudiante de Pedagogía en la UV que vivió uno de los peores episodios en su vida narró los hechos. Poco ha querido hablar con la gente, su cabello anda alborotado y su cabeza más. Tiene ganas de llorar por la impotencia y el temor. Los moretones en su cara y su cuerpo delgado hablan de que fue la menos lastimada.

“Yo creo que me golpearon dos [hombres]; pero no los pude ver porque estaba boca abajo. Les pedimos que ya pararan, pero ellos nos seguían gritando”.

Nadie pudo ver completamente el rostro de sus agresores, la mayoría tenía el rostro tapado con capuchas, gorras, máscaras y paliacates. Llevaban pantalón de mezclilla y playeras de diferentes colores. Está segura de que todos eran hombres.

Tres estudiantes quedaron irreconocibles. El que recibió un machetazo a la mitad de la cara fue al que mejor le fue. El mayor de ellos no podía respirar bien, le quebraron la nariz, el pómulo parece salido de su rostro, la cara cuarteada por moretones, hinchazón y cortadas. La quijada colgada por el desprendimiento que le provocó un golpe.

Otro se desvaneció en los primeros golpes sobre su cabeza, al despertar había sido agredido de tal manera que su rostro y cabeza se veían con el doble de tamaño por las confusiones que tuvo. Todos los dientes se le cayeron después de las patadas y golpes que le propinaron sobre la cara.

Cuando se supieron sobrevivientes a un ataque brutal, denunciaron el ataque a través de sus familiares y amigos. También avisaron a la prensa porque ya ni en las autoridades pueden confiar.

El ataque y la denuncia pública de lo sucedido sufrieron respuestas contradictorias por parte del Gobierno del estado y la Secretaría de Seguridad Pública, que fueron acusados de ser responsables de las agresiones.

(Con información de Sin Embargo)

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