UV: entre el subsidio y el robo

Sigue la terquedad. Descomunal la deuda, el naufragio inminente, Javier Duarte dice que a la Universidad Veracruzana no le debe ni un peso, que por generosidad le da, cuando puede y cuando tiene, vía subsidio, sin obligación legal. Eso es ser infame.

No expresa lo que en realidad es: el subsidio es obligatorio y los recursos de origen federal llegan a la Secretaría de Finanzas y desaparecen. Es la hipótesis del robo.

De la Ibero viene el gobernador, formado en la élite, ajeno él a la realidad social y de ahí la insensatez y el descaro, la soberbia, cuando el acreedor exige su pago, cuando la institución requiere el financiamiento para seguir su marcha.

Sale Javier Duarte y la riega otra vez. Se planta frente a los periodistas, unos sin voz, otros queriendo cuestionar. Ya es un show la conferencia de prensa de los lunes, convertida en cuartel general de guerra, desde el que el gobernador oprime el botón, activa el misil que viaja y estalla invariablemente en el palacio de Xalapa, la sede de su gobierno.

Toca el tema de la UV. Su código mental no admite deuda alguna, como le han reclamado. Según el gordobés, no sería como dijo la rectora Sara Ladrón de Guevara —aguerrida por los billetes, pusilánime con la agresión a los alumnos— a un pull de diputados federales entonces electos: el gobierno incumple con la entrega de recursos a la Máxima Casa de Estudios de Veracruz.

Se quejaba la rectora que a la UV le debe el gobierno de Javier Duarte mil 800 millones de pesos. Era confesión en corto, con mesura, entre ella y sus interlocutores. Pero ahí estaba el panista Miguel Ángel Yunes Linares y lo reveló, exhibiendo por enésima vez al gobernador.

Deberle a la UV es criminal, imperdonable. Así la rectora disponga de un super salario, así haya enclaves que gozan de las mieles del poder, así existan focos de corrupción, por dinero la UV no puede ni debe parar.

Herido, pues, Javier Duarte usa su escenario mediático para increpar y desmentir, o hacer como que puede desmentir, atrofiado por sus limitaciones, por la fragilidad de sus argumentos, por una visión desdeñosa hacia la institución formadora de las mejores generaciones de veracruzanos.

Pero lo que expresa es falaz y chapucero, irresponsable y, sobre todo, doloso. “No le debemos nada la Universidad”, suelta en el marasmo de sus ideas locas que si al amanecer son poco claras, al paso de las horas se vuelven el caos total.

“Nosotros contribuimos de manera generosa y solidaria subsidiando a la Universidad Veracruzana y vamos a seguir haciéndolo porque sabemos que nuestra máxima casa de estudios merece todo el apoyo y el respaldo, sabemos que todo peso destinado a la educación es bien invertido”.

Sí, pero cuando pueda y se le ocurra, cuando tenga de dónde, cuando existan recursos, porque según el breviario Duarte, están “atenidos a la posibilidad y disponibilidad financiera”.

Y reitera el gobernador que no hay obligatoriedad de ayudar a la UV. Es asunto de generosidad, no de compromiso.

Vaya lunes. El gordobés amaneció peor que nunca. Más embustero, más insensato, más rebuscado. Y se le ve rasposo porque el tema de la quiebra de Veracruz es su Talón de Aquiles, y de paso la UV figura entre los que toca la puerta y no le abre, un fracaso más del doctor en economía por la Complutense de Madrid.

Muy en su rol, como si el dinero de los veracruzanos le perteneciera, ha dicho que a la UV se le ayuda, no se le debe; que no es deuda porque lo que se da es subsidio; que se le da según se tiene.

La claridad no es propia del gobernador; la credibilidad menos. Su concepto de universidad y el compromiso del Estado hacia ella, se mide por la casualidad, por la capacidad de recaudación, por la operación financiera. Si tengo, te doy; si no, lo siento.

En 2015, según el analista y periodista Armando Ortiz, el presupuesto destinado a la UV es de 4 mi 583 millones 300 mil pesos. Así lo establece el decreto 319, emitido por el gobernador Javier Duarte, el cual “será cubierto mediante aportaciones convenidas entre el gobierno federal y el estatal, las cuales están sujetas a las transferencias que para tales efectos realice el gobierno federal”.

Y apunta:

“El dinero que aporta la Federación es de 2 mil 117 millones 834 mil 280 pesos. La aportación del gobierno estatal es de 2 mil 465 millones 465 mil 720 pesos”.

En teoría, todo bien. En los hechos, maña y trampa, mentira y dolo.

Agrega Armando Ortiz que en el contenido del decreto se establece la obligatoriedad que hoy pretende pasar por alto Javier Duarte:

“En el presente Decreto de Presupuesto de Egresos, se establecen las siguientes disposiciones de carácter general y de observancia obligatoria para la Administración Pública del Gobierno del Estado de Veracruz de Ignacio de la Llave”.

Robarse los recursos que provienen del gobierno federal no es algo inédito. Con Javier Duarte es el tema de siempre. Por eso lo revienta la Auditoría Superior de la Federación. Por eso lo denuncia. Por eso Veracruz tiene la peor calificación a nivel nacional. Por eso el descrédito.

No es asunto de omisiones y caprichos. No es el problema semántico entre deuda y subsidio. Ante los diputados federales, la rectora Sara Ladrón de Guevara externó algo que va más allá de la disponibilidad de las finanzas veracruzanas. Habló de retención de recursos federales por parte del gobierno de Javier Duarte.

De los mil 800 millones de pesos pendientes correspondientes al ejercicio 2015, “poco menos de la mitad eran aportaciones federales —refiere Armando Ortiz— que no se habían entregado a pesar de que la Federación había depositado los recursos a tiempo”.

Y reflexiona:

“Para empezar, ahí hay un dinero, que no es del ‘subsidio generoso y solidario’ del que habló el gobernador, que se adeuda a la Universidad Veracruzana”.

O sea, Javier Duarte no paga lo que le corresponde al gobierno de Veracruz y además retiene lo que proviene del gobierno federal. ¿Cómo se le llama a eso? ¿Robo, extravío, disimulo, trapacería, hurto? Eso, en cualquier parte, merece cárcel.

También se enreda Javier Duarte en las cifras, que es su especialidad. En 2014, la UV ejerció un presupuesto de 4 mil 32 millones de pesos; el gobierno estatal aportó 2 mil 118 millones, mientras que la Federación mil 914 millones.

En 2015 se advierten los efectos de la quiebra de Veracruz. La UV ha recibido mil 460 millones de pesos; de ellos, la Federación remitió mil 182 millones y el duartismo sólo 278.8 millones.

Javier Duarte presume: en cinco años el gobierno de Veracruz ha canalizado 10 mil 157.7 millones de pesos. Es el subsidio generoso, el subsidio solidario. Es el alarde demagógico.

Un día después, Sara Ladrón de Guevara lo exhibe de nuevo, lo refuta, le muestra la realidad. Rinde su informe anual. Ahí revela la rectora las omisiones de Javier Duarte, los adeudos —porque es deuda— año con año.

Al mes de agosto de 2013, la cantidad de 867.9 millones de pesos. A diciembre de 2013, otros 894.3 millones. A diciembre de 2014, mil 8 millones. A agosto de 2015, 2 mil 058.6 millones.

Es la puntilla: de los 4 mil 828.8 millones de pesos no entregados a la UV, 3 mil 100.7 millones son “adeudos directos” del gobierno de Javier Duarte.

¿Quién le aporta las cifras al gobernador? ¿Quién le miente? ¿O miente él?

Hay un fundamento moral en el que no piensa el gobernador de Veracruz. Sara Ladrón de Guevara se lo recuerda: “La falta de estos subsidios implicaría la extinción de la universidad pública”. ¿O acaso eso pretende?

Otro crimen en ciernes. Es el de la UV.

Matón, pues, el gobernador.

(Con información de mussiocardenas.com)

00
Compartir