Veracruz: el naufragio ya empezó

Veracruz flotaba. A duras penas, pero flotaba. Se movía en aguas turbulentas, sin timón, sin vela, sin piloto. Sacudido por el vendaval, soportaba el oleaje amenazante. Andaban atemorizados los pasajeros y, peor, al ver que la tripulación —el duartismo— destaza el barco, lo desmantela a pedazos. Hoy, oficialmente naufraga.

Es el quinto año de gobierno y Javier Duarte, el gobernador, finalmente cede: enfrenta el gobierno de Veracruz una crisis financiera y es ineludible apretarse el cinturón, racionar los recursos, cancelar programas, desconcentrar dependencias, suprimir escoltas, bajarle al derroche. Si ya atracamos los pesos, hay que cuidar los centavos.

Dice todo Javier Duarte, pero no admite que hay que dejar de robar.

Anuncia un ajuste al gasto mientras dilapida en viajes, usa la flota aérea como si Veracruz estuviera en jauja, persiste el gasto excesivo, monumental, desenfrenado, obsceno en imagen personal, al precio que sea, al gusto de un pull de medios de comunicación, la prensa duartista, que sólo sirvió para el engaño porque con sus lisonjas no logró que Javier Duarte tuviera un rasgo de efectividad.

Resume en diez puntos su plan salvador. También le gustan los decálogos al gordobés. Decálogo es la moda. Peña Nieto los trae desde que era candidato a la Presidencia y los ha reavivado ya en Los Pinos. Pero de todos, nada ha podido cumplir.

Decía hace semanas Javier Duarte que Veracruz caminaba con rumbo firme y con objetivos claros. Es el discurso de la mentira.

Ha dicho lo mismo de la seguridad. Aquí sólo quedan asaltantes de tiendas Oxxo y el botín majestuoso son los Frutsis y los Pingüinos. Sólo eso. En la visión del gobernador de Veracruz, Los Zetas, y los Jalisco, y los Golfo, y Los Beltrán, todos habían pasado a la historia. Quedaban sólo los asaltantes de Oxxo. Y a ver qué imbécil se lo creía.

Es el quinto año de gobierno. Vive en el extravío Javier Duarte. La realidad es otra. La sangre de los caídos inunda el escenario duartista. Levantan inocentes y no tan inocentes. Se llevan gente sin culpa y también implicados en la delincuencia. Van en el mismo apartado los buenos y los malos, la gente sin mancha y los que han torcido la ley. Pero todos, sin excepción, son la sangre que toca la gestión del duartismo.

No es, pues, tan irrelevante la violencia que toca a Veracruz. No dice la verdad Javier Duarte. El crimen organizado avasalla, agrede, levanta, secuestra, asesina, mutila. Vuelven las balaceras a Veracruz. Atacan con granadas a la policía. Cunde el miedo. Y dice el gobernador que sólo hay que cuidarse de los asaltos en los Oxxo.

Veracruz se desgrana en seguridad, y también en lo político, en lo social, en lo económico. La materia del gobernador Javier Duarte, la economía, las finanzas, hace crisis. Que hable pues el doctorado patito. Que demuestre qué aprendió en la Complutense de Madrid. Si es que fue.

No hay dinero y sí lo hay. No hay dinero para saldar adeudos con el contratismo que lleva más de cinco años anhelando cobrar lo que el mentor del gobernador, Fidel Herrera Beltrán, les quedó a deber. No hay dinero para la inversión pública. No hay dinero para los municipios, así sean las participaciones federales que, por ley, luego de recibirlas del gobierno federal, las debió trasladar. No hacerlo es un robo.

Sí hay dinero para la cúpula de oro, el duartismo gobernante, la pandilla del gobernador. Sí hay dinero para el aparato de poder, el ejército de ayudantes, las secretarias de buen ver, los escoltas que lo cuidan hasta para ir al baño, el cuadro de asesores que se multiplica en cada rincón del gobierno, el aparato mediático que cinco años después ya probó su ineficacia.

Tiene dos destinos el dinero de Veracruz: las campañas electorales y las cuentas de los duartistas.

Del erario se desprenden los recursos para operar candidaturas, para corromper a una oposición ávida de ser corrompida, para frustrar alianzas, para imponer al rival más débil, para cooptar a la prensa dócil y lisonjera.

Miles de millones se usaron para impedir que en 2013 PAN y PRD aterrizaran un acuerdo que habría conquistado el Congreso de Veracruz y las principales alcaldías. Ahí habría terminado el sexenio, con la oposición frenando las locuras y los excesos del gobernador, las ocurrencias y los atropellos de Javier Duarte.

De las arcas salieron miles de millones cuyo origen era el gobierno federal. Nunca lo pudieron justificar. Lo registra así la Auditoría Superior de la Federación, que ha obligado al gobierno duartista a devolver recursos no aplicados, no justificados o invertido mal, en abierta transgresión a la ley.

Cinco secretarios de Finanzas nombrados y cesados sin explicación alguna; sus principales alfiles, Gabriel Deantes y Edgar Spinoso, acusados públicamente de malversar el dinero del principal fondo educativo, destituidos entre el escándalo, exhibidos por los amigos del presidente Peña Nieto y luego traídos en plan estelar. Sofocado el murmullo, que regresen por lo que les faltó.

La parálisis se vive desde hace meses. No fluyen los recursos a los municipios, así sean sus participaciones federales —ojo, intocables, según la ley—, frenando las obras y las inversiones.

Derrochó Javier Duarte en los Juegos Centroamericanos y del Caribe y todavía debe medio millón de dólares al comité organizador y una parte al personal que participó en la justa deportiva.

Hay que leer entre líneas el decálogo salvador del gordobés. Dice en un apartado que “se realizará un control estricto de la dispersión de la nómina en todo el gobierno; ello permitirá tener certeza y control en el pago de los servidores públicos de acuerdo con los tabuladores aprobados”. En otro menciona: “se revisarán las compatibilidades laborales para evitar que el personal del servicio público cobre en dos o más lugares”.

¿Es broma? No, es cinismo. Cinco años después Javier Duarte advierte la malversación de los recursos vía nómina, el cobro doble o quizá triple, el pago fuera de tabulador. Si no fuera así no lo pondría en su decálogo salvavidas ¿Existe Contraloría? Sí. ¿Sirve de algo? Sí, para solapar la corrupción y encubrir a un gobierno netamente corrupto.

Tardíamente admite Javier Duarte el naufragio de su gobierno. Eludió la debacle. Evadió la crisis. Se negó a admitir que el colapso era inminente. Tejía un discurso de bonanza. Decía que Veracruz lideraba en desarrollo social. Prosperilandia destacaba, según San Javier, en el escenario nacional. Adelante, su programa estrella, era ejemplo a seguir.

Mentir no es bueno. Siempre fracasa ante la verdad.

Javier Duarte no tiene una pizca de inteligencia y sí un mundo de torpeza. Gobierna mal. Veracruz en sus manos se estanca, se sume en la pobreza, ve cancelado su desarrollo. Lo saquea el duartismo.

Su programa de ajuste es el reconocimiento de fracaso. Exprimió la finanzas. Hizo añicos los recursos federales, sometido a la vigilancia de la ASF, exhibido Veracruz como el estado que más desviaba dinero proveniente de la Federación.

Su decálogo financiero admite lo peor. Oficialmente el naufragio ya comenzó.

(Con información de mussiocardenas.com)

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