Veracruz: y al quinto año, el naufragio

Del quinto año de duartismo, ¿qué celebrar? Acaso los 6 millones de pobres, los 100 millones de pesos de deuda, el terror sembrado por el crimen organizado, la corrupción que carcome y el desvío de recursos federales. Ah sí, la audacia, el cinismo, la habilidad para mentir.

Veracruz ya cambió, dice Javier Duarte. Lo cita y se cita. Taladra con el estribillo que repite sin dar tregua, intento vano de persuadir y convencer, que pretende suplantar a la realidad.

Veracruz ya cambió. Sí, para mal. Canceló su futuro cuando fue convertido en la palanca del saqueo que data de los tiempos de Fidel Herrera Beltrán en la “plenitud del pinche poder”, Javier Duarte operando las finanzas, lanzando bursatilizaciones de altísimo costo, con pago de comisiones superlativas porque la emisora de las acciones debía untarle la mano al gobernador.

Veracruz ya cambió. Antes era tranquilo, hoy no. Se sumió en la espiral de violencia con el retrato más siniestro que la mente pudiera imaginar: cadáveres lanzados a la vía pública, cuerpos mutilados, mujeres torturadas, violadas, hombres en fosas clandestinas, niños sin órganos y un cúmulo de desaparecidos. Y Javier Duarte, atado a la dinámica de la negación.

Políticamente también cambió. Dejó de ser el bastión priísta que decidía una elección presidencial y hoy el PRI lucha por su supervivencia, fragmentado porque en el código mental del líder no hay traducción para el término liderazgo.

Javier Duarte divide a los priístas cuando impone secuaces y cómplices en los cargos de dirección, los mismos que figuran en indagatorias judiciales federales, evidente el desvío de recursos, sustentado por la Auditoría Superior de la Federación, y ahí los Mota, los Tarek, los Ruiz, los Deantes, los Benítez y una extensa lista de duartistas que lejos de ser excluidos encuentran en una diputación federal o en un cargo de gobierno, el premio a la audacia y a la omisión.

Su PRI es de risa. Un misógino, difamador, mentiroso, borrachín, El Cisne, alias Alberto Silva Ramos, llega a la presidencia del comité estatal de la mano del gobernador, sin cuidar las formas, sin ocultar que el gobernador participa activamente en la vida de un partido político, violando la ley.

Qué cisne ni qué nada. El Pato Silva carece de autoridad moral cuando es impuesto en la dirigencia estatal sin el consenso de los grupos priístas. Lo repudian los senadores Yunes —Pepe y Héctor—, lo increpan ex presidentes del PRI, lo devora la opinión pública cuando protagoniza el episodio de misoginia, al pedir como requisito para ser candidato la prueba antidoping y antiembarazo.

Nunca, que se recuerde, un dirigente nacional priista había obligado a un líder estatal en Veracruz a ofrecer una disculpa pública a las mujeres, que son el motor del voto del PRI.

No hay qué celebrar. Fallido, el quinto año de gobierno de Javier Duarte es el naufragio de un proyecto que no cuajó, que no tenía como fin gobernar ni generarle condiciones de desarrollo a Veracruz.

Javier Duarte llegó al gobierno de Veracruz para maquillar el gran peculado fidelista, su mano en las finanzas, su mano en los recursos públicos que se transformaron en fortunas personales.

Dice Miguel Ángel Yunes Linares que no hay nada que celebrar y sí mucho que reclamar. Acusa el diputado federal panista, cuasi candidato al gobierno de Veracruz, el que promete encarcelar a la pandilla duartista en los tres primeros meses de gestión, que el fracaso de Javier Duarte está ahí.

“Reclamar los graves daños que ha causado a Veracruz —precisa—, al que consideró un botín y con toda impunidad vació las arcas públicas dejando en la miseria a 6 millones de veracruzanos y con una deuda atada al cuello por más de 100 mil millones de pesos que tendremos que pagar los próximos treinta años.

“Reclamar su corrupción inaudita, descarada, pública, nacionalmente señalada por instituciones oficiales, que contagió a todos los miembros de su gabinete que han actuado como una verdadera banda de delincuentes organizados.

“Reclamar su complicidad con la delincuencia organizada que hoy mantiene aterrorizadas a las familias, amenazadas por la inseguridad creciente, por los homicidios, secuestros, extorsiones, robos, asaltos, que siempre quedan en la impunidad.

“Reclamar su persecución a los periodistas honestos, sus amenazas cumplidas hasta llegar a convertir a Veracruz en un referente internacional de riesgo para el ejercicio del periodismo después del asesinato de 19 comunicadores.

“Reclamar la ruptura del Estado de Derecho, que anuló la autonomía del Poder Legislativo y del Poder Judicial convirtiéndolos en oficinas de trámite de Javier Duarte, para llevarnos a una situación peor que la que se vive en cualquier dictadura, en la cual el poder absoluto ha recaído en una sola persona, que lo ha usado para beneficio personal y de su pandilla y para perseguir a sus adversarios.

“Duarte quiere que todos le aplaudamos, que seamos sus cómplices, amenaza con perseguir a los que nos oponemos, pero se equivoca rotundamente; somos muchos millones de veracruzanos los que reprobamos su gobierno y exigimos que rinda cuentas: tendrá que encarcelarnos a todos.

“El Quinto Informe de Gobierno de Javier Duarte es una mascarada. El verdadero informe tendrá que rendirlo ante las autoridades judiciales”.

Pueden sus enemigos sostener que Yunes Linares no es un dechado de virtudes, pero lo que dice es irrefutable.

Otro líder, de izquierda, Fidel Robles Guadarrama, diputado por el Partido del Trabajo, acusa un caos financiero: a la deuda reconocida de 45 mil millones de pesos hay que agregarle 30 mil millones de pasivos, bursatilización, créditos en garantía de pago y deudas a proveedores. En total 97 mil millones.

Veracruz lidera el ranking en observaciones de la Auditoría Superior de la Federación. No aplica los recursos federales. Los exprime. Ni hace obra ni los devuelve al gobierno federal.

Nada que festejar en el quinto año de gobierno, ni la obra social, ni las finanzas, ni la seguridad, ni la política.

Javier Duarte llevó a Veracruz al naufragio

Con información de mussiocardenas.com

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