Veracruz  y la impunidad

Postigo

Por: José García Sánchez

Los tiempos políticos son una especie de campo de batalla, sobre todo cuando existe un gobierno que la oposición considera un enemigo a muerte. 

Acostumbrados algunos partidos a hacer de las leyes su mejor arma política, tienen en esos momentos que implican por un lado paciencia y por otro experiencia, una jugada que se ha tendido como trampa a los nuevos gobernantes.

El fiscal General de Veracruz esperó a que el gobernador tuviera unos días en el poder para soltar a Mauricio Audirac, ex secretario de Finanzas; Arturo Bermúdez Zurita, responsable de la seguridad de los veracruzanos y Francisco Valencia García, ex titular de la Comisión del Agua del Estado de Veracruz. Pero tan reprobable era la decisión que de inmediato convocó medios afines a su postura y a la de Miguel Ángel Yunes para responsabilizar de esa liberación al gobernador Cuitláhuac García Jiménez.

Aquí los tiempos políticos crearon dudas; sin embargo, la lógica y la confianza en el nuevo gobierno señalaron a Winckler como un saboteador de la justica.

La prioridad en el gobierno de Cuitláhuac García es la aclaración de cientos desapariciones en la entidad, lo dejó muy claro desde los primeros minutos de su mandato. Y uno de los señalados como responsables de estas desapariciones es Arturo Bermúdez Zurita, ex secretario de Seguridad Púbica durante la gestión de Javier Duarte.

Ahora, el encargado de la Fiscalía para la atención de Desapariciones en Veracruz, Luis Eduardo Coronel negocia la libertad de Bermúdez, con su abogado defensor, Rodolfo Reus, acordando una enfermedad del inculpado para que lleve su proceso en libertad

La complicidad entre aparentes contrapartes de un mismo caso, muestra la podredumbre de los fiscales que heredara Miguel Ángel Yunes Linares y acelera no sólo el juicio político contra Winckler Ortiz sino la indignación de la población contra quienes en su momento fueron designados por Yunes para cubrir algunas plazas clave en los asuntos de la impunidad que tan bien se manejaron en Veracruz desde hace muchos años.

La falta de sensibilidad para ocupar un cargo no es sólo responsabilidad de quien lo ocupa sino también de quien lo designa o propone. Y Yunes pensó en la impunidad propia más que en el servicio público al permitir en primer lugar que el abogado que le llevaba sus asuntos, se convirtiera en Fiscal General de Veracruz, un abogado sin experiencia en la administración pública y un despacho en Boca del Río, bastión de los Yunes.

Con un fiscal general como amigo y un fiscal para investigar las desapariciones de la entidad, la impunidad la creyó garantizada Yunes, que es quien mueve los hilos de Winckler y de Coronel Gamboa, ambos sin ningún apego a la legalidad, a la justicia y a la honestidad.

La coincidencia con los tiempos fue planeada para inculpar a Cuitláhuac García de liberar a los cómplices de Duarte; pero no sólo eso, esa acción confirmaría el rumor -soltado por panistas- que desde hace años “hubo” un subsidio de Duarte a la campaña del actual gobernador de Morena, para perjudicar a Yunes Linares.

Pero la relación de amistad, compadrazgo y complicidad está ubicada entre Yunes y Duarte, a través de una pesquisa que se convirtió en sociedad.

Así, los inmuebles de Duarte, dentro y fuera del país, denunciados espectacularmente por Yunes, siguen siendo de Duarte y uno que otro lo ocupa Yunes o Winckler, de tal manera que escrituras o pruebas de la recuperación de las casas no han llegado al acervo del gobierno el estado.

La intención de crear dinastías en la política como lo intentó Yunes y como lo logró Rafael Moreno Valle, no se hicieron para preservar el servicio al pueblo en nombre de un apellido como en la Edad Media, sino para crear generaciones enteras de impunidad.

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