Voto a AMLO, búmeran

Por: Jorge Suárez-Vélez

En la Convención Bancaria pudimos escuchar a los candidatos. Destacó Ríos Piter como independiente, con una propuesta de izquierda no reñida con modernidad y mercados. Meade jugaba como local, y lo aprovechó. Anaya se confirmó como alternativa moderna y creíble. Pero son las propuestas de AMLO las que deberían provocar preocupación y rechazo. ¿Quienes lo apoyan creerán que es retórica electoral? ¿Estarán pensando sólo en ellos mismos? Les recuerdo que la reversa también es cambio.

El voto de castigo frecuentemente es como un búmeran. Ahí están de ejemplo May en el Reino Unido y Trump. Francia se salvó de Le Pen gracias a la segunda vuelta. En México no la hay, ni voto obligatorio. Se puede ganar con una minoría que cuestione la legitimidad del elegido. Domina el fortísimo voto anti-PRI; la flagrante corrupción provoca repulsión sin precedente. Pero al votar contra el gobierno de Peña se rechaza también un paradigma que ha tenido logros rescatables.

La presentación de AMLO estuvo plagada de mentiras. ¿Sabrá que el presidente de Singapur gana 1.7 millones de dólares al año? No, los funcionarios públicos de México por mucho no son los mejor pagados del mundo. Reducir su pago a la mitad atraerá a quienes busquen cobrarse “a lo chino”, o como dicen, “si pagas cacahuates, te rodearás de monos”.

¿Producir lo que consumimos? Igual que Trump, no entiende de comercio internacional, ventajas comparativas y economías de escala. Me recordó a los alemanes del Este que “orgullosamente” producían su Trabant, un coche de dos cilindros al que apodaban “la bujía con techo”. Desapareció del mercado en cuanto cayó el muro. Si algo hemos comprobado es que la especialización y el comercio maximizan el bienestar de los pueblos. Cuando un país alcanza gran eficiencia produciendo algún bien y lo intercambia libremente por lo que otros producen con eficiencia, todos ganan. Pensemos en los relojes suizos o automóviles alemanes.

AMLO no entiende que ya no estamos en los 70. La autosuficiencia alimentaria no tenía sentido entonces, hoy sería absurda. La producción agropecuaria de Estados Unidos ha aumentado exponencial-mente por el uso de tecnología y maquinaria. La disrupción industrial por la robotización también afecta al campo. La tierra produce más que nunca, con menos trabajadores que nunca. ¿Por qué no aprovechar las grandes eficiencias que han logrado, comprándoles alimentos baratos? A cambio, les vendemos aguacates, cítricos y fresas, donde es difícil competirnos.

En 2016, ingresaron a México más dólares por exportaciones agropecuarias que por remesas, petróleo o turismo. Por fin hemos dejado que el capital vaya en el campo a donde tiene sentido. Los precios de garantía son, por eso, anacrónicos. Premian la ineficiencia, sesgan la asignación de capital hacia donde no es productivo y encarecerían insumos de alimentos básicos. ¿Le pondremos precio mínimo al maíz y luego precio tope a la tortilla? Entonces subsidiaremos de un lado y del otro. Como si fuéramos ricos. Lo absurdo es que subsidiaremos también las tortillas de las familias más ricas de México, porque los subsidios no discriminan.

Si algo sabemos con certeza absoluta es que la población mundial se urbaniza rápidamente. Los grandes retos provendrán de darle servicios y educación a la creciente población urbana, de reducir la marginación, de ofrecer transporte y vivienda (vertical) a costo razonable en barrios seguros, y eventualmente de recuperar los espacios que quedarán libres conforme el parque vehicular se reduzca, conformado por automóviles que se manejan solos; eso liberará calles, estacionamientos y carreteras. Esta es la realidad para la que hoy todo país desarrollado se prepara.

AMLO propone perpetuar la pobreza de los campesinos, arraigándolos a tierra improductiva en esquemas de producción arcaicos. Claramente, crearía una dependencia que a él le convendría.

 

 

Fuente: Reforma

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