YA SE CAYÓ EL ARBOLITO DONDE DORMÍA EL PAVO REAL…

La madrugada del jueves 11 de junio, Alberto Silva Ramos, candidato a la diputación federal por el Tercer Distrito Electoral con cabecera en Tuxpan, Veracruz, recibió la constancia de mayoría que lo acredita como diputado electo. Enojado, ceñudo, con un gesto que a duras penas parecía ser una sonrisa, Silva Ramos posó para la fotografía en medio de un silencio que lo decía todo. Con la entrega de la constancia terminaba un proceso que inició el 18 de febrero, Miércoles de Ceniza, cuando Silva Ramos, postulante por la coalición PRI-Partido Verde, hizo referencia a la conmemoración de ese día y anunció ante un millar de seguidores: “vamos a hacer cenizas al PAN”.

Nunca en la historia del PRI en Tuxpan hubo un triunfo tan amargo como el de esa jornada, tan semejante a la derrota, porque a lo largo del día, mientras iba fluyendo la información que proveían los representantes del partido en las casillas, el candidato supo que el fuego no le había alcanzado para cumplir su promesa de reducir a cenizas al PAN, pero sobre todo, que no le era suficiente para continuar con sus aspiraciones de gobernar a Veracruz.

De acuerdo con los datos del PREP 2105, Alberto Silva obtuvo 38 mil 360 votos como candidato del PRI, contra 34 mil 402 del panista Roberto Cortez, un candidato desconocido en el distrito, mientras que otra desconocida, María Bertha Espinoza Segura, consiguió 9 mil 618 votos para Morena, que se posicionó como la tercera fuerza electoral en el Tercer Distrito. Ya con los votos del Partido verde y de la coalición PRI-Verde, Silva Ramos obtuvo un triunfo inobjetable con 46 mil 491 en total. Pero estos números no fueron suficientes ni para hacer cenizas al PAN ni para mostrar la fuerza electoral que el candidato esperaba. Por eso no hubo festejo, pese a que había conquistado uno de los más altos privilegios que el país concede a los ciudadanos, el de formar parte del Congreso de la Unión.

Las expectativas del candidato, según comentaban algunos de sus operadores políticos era duplicar la cantidad de votos del PAN. Confiaban en el efecto mediático de la administración de Silva Ramos, quien tuvo el cargo de presidente municipal de Tuxpan durante por dos años y siete meses, durante los cuales publicitó sus logros como nunca antes lo hicieron sus antecesores, mostrándose como aquel que había llegado para solucionar añejos pendientes con la ciudadanía.

Tan seguro estaba de su arrasadora victoria que a mediados de mayo, en el apogeo de las campañas, su equipo publicó una encuesta, atribuida a Berumen y Asociados, en la que el candidato del PRI-Verde contaba con el 79.9 por ciento de preferencia efectiva en el tercer distrito, contra 16.1 del PAN, 3.2 del PRD y 0.8 de Morena. En un intento de contrarrestar el efecto mediático de esta publicación, el presidente estatal del PAN, José de Jesús Mancha se presentó en Tuxpan una semana después y mostró una encuesta atribuida a Santoyo y Asociados, en la que el PRI tenía el 35 por ciento de la intención del voto, seguido por el PAN, con el 33 por ciento. La encuesta daba un seis por ciento al resto de los partidos, excepto al PRD a quien asignó el 7 por ciento. Esta encuesta, al final resultó ser la más acertada, ya que según los datos del PREP 2015, el candidato del PRI obtuvo 34.48 por ciento de los votos y el del PAN 30.92.

Ajeno a cualquier hecho que contradijera sus expectativas, el candidato del PRI-Verde continuó con su campaña triunfalista. El 31 de mayo, en lo que fue un cierre de campaña anticipado, Silva Ramos invitó a Tepetzintla al gobernador de Chiapas, Manuel Velasco, el primero surgido de las filas del PVEM, y a Javier Herrera Borunda, hijo de Fidel Herrera, candidato de la coalición PRI-Verde a la diputación federal plurinominal por la tercera circunscripción. En ese evento, Manuel Velasco colmó de alabanzas a Alberto Silva, vaticinó que arrasaría en las elecciones y dijo: “este es sólo el comienzo”, palabras que se interpretaron como un destape anticipado rumbo a la gubernatura de Veracruz en 2016.

Pero los acontecimientos de la elección terminaron por enfriarles los ánimos. Esa noche, pese a que las tendencias del PREP le daban la ventaja, Alberto Silva calibró su verdadero alcance. No había manera de alegrar al candidato, de transmitirle optimismo. Como un símbolo de lo que estaba por venir, había perdido dos de las tres casillas de la sección 4132, ubicadas en la colonia Jardines de Tuxpan, donde votaron el presidente municipal Raúl Ruiz Díaz, así como su esposa; también votan ahí el actual diputado federal Genaro Ruiz Arriaga, la diputada local Gabriela Arango Gibb y el mismo Alberto Silva.

CARRERA POR LA GUBERNATURA

Son varios los actores políticos que aspiran a suceder a Javier Duarte en el gobierno de Veracruz. Por un lado están los senadores Héctor Yunes Landa y José Yunes Zorrilla, quienes han manifestado sus intenciones incluso contra la voluntad del gobernador. Por otro lado, arropados por el poder y con todas las libertades para operar a su favor, destacan Erick Alejandro Lagos Hernández, Jorge Alejandro Carvallo Delfín, Adolfo Mota Hernández y Alberto Silva Ramos, todos ellos identificados por pertenecer al grupo de Fidel Herrera Beltrán.

Mientras los aspirantes Héctor Yunes Landa y José Yunes Zorrilla buscaban la candidatura por sus propios medios políticos, el PRI de Veracruz puso en el terreno de las campañas a los tres punteros en las preferencias del gobernador. Los números, a diferencia de las campañas mediáticas, son fríos y objetivos y muestran el verdadero alcance de los candidatos.

(Con información de http://www.politicosaldesnudo.com/)

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