Yunes vs. Yunes

Filiberto Vargas Rodríguez / Cuando Flavino Ríos fue por primera vez, en calidad de Gobernador de Veracruz, a la Secretaría de Hacienda, llevaba bajo el brazo varias tarjetas en las que explicaba, de forma sucinta, la situación financiera del gobierno estatal y los requerimientos más urgentes para evitar que esta entidad cayera en la anarquía y la ingobernabilidad.

Una de esas tarjetas, en forma muy clara, planteaba que para atender las obligaciones financieras más urgentes en los meses de octubre, noviembre y diciembre, eran necesarios 11 mil millones de pesos.

En la Secretaría de Hacienda fueron escuchados los argumentos de Flavino Ríos y le prometieron que buscarían la forma de ayudarlo en ese difícil trance. Por lo pronto, le dijeron, podría empezar por corregir los desatinos de Javier Duarte.

Fue Flavino Ríos quien –en atención a “recomendaciones” del gobierno federal- dio marcha atrás al plan de basificación del personal de confianza del gobierno estatal y envió al Congreso una iniciativa de reformas al Código Financiero y al Código Hacendario Municipal para adecuarlos a la Ley de Disciplina Financiera de las Entidades Federativas y los Municipios, publicada en el Diario Oficial de la Federación.

Flavino Ríos regresó de la ciudad de México muy optimista y soltó con mucha ligereza que había “conseguido” apoyos de la Federación por 11 mil millones de pesos.

El primero que pegó el grito en el cielo fue el ahora gobernador en funciones Miguel Ángel Yunes Linares. Advirtió que darle esos recursos a Flavino Ríos significaba entregarle la bolsa a uno de los “saqueadores” de las arcas estatales.

Pero donde también reaccionaron fue en la Secretaría de Hacienda. Allá los funcionarios aclararon que no habían comprometido dicho apoyo, que estaban analizando la situación de Veracruz, pero que nunca se estableció compromiso alguno.

¿Qué fue lo que pasó?

¿Mintió Flavino Ríos?

No, en realidad lo que no entendió el gobernador interino de Veracruz fue que el apoyo que pensaban brindarle tenía que darse con total discreción, pues una ayuda de esas dimensiones provocaría el reclamo de otras entidades que también enfrentan conflictos financieros (y “la cobija no alcanza para todos”) y que se hiciera público tendría como consecuencia que el gobernador electo protestara por no recibir el mismo trato.

Esa indiscreción de Ríos Alvarado provocó que se suspendieran los apoyos que se iban a destinar a Veracruz. Las autoridades federales enviaron al mandatario interino a que tomara “la ruta larga”. Los recursos llegaron a “cuentagotas” y con la condición de que en el cumplimiento de los compromisos financieros del estado participara Miguel Ángel Yunes Linares, a través de la que sería su secretaria de Finanzas, Clementina Guerrero, para garantizar que no se volviera a desviar un solo centavo de las aportaciones federales.

Hace unos días, para dar una idea más clara de la gravedad de la crisis que padecen las arcas estatales, Yunes Linares dijo que tan solo para cumplir con los compromisos de este mes requería de 10 mil millones de pesos y nada más tenía 3 mil millones.

¿Cómo pasó el gobierno de Veracruz de requerir 11 mil millones de pesos para tres meses, a necesitar 10 mil millones en el mes de diciembre?

Quizá Flavino Ríos no estaba contemplando pagar lo mismo que Miguel Ángel Yunes. Es el caso de la deuda del Estado con los ayuntamientos, para quienes el nuevo gobernador pretende destinar al menos mil millones de pesos este mes, con lo que cubriría la tercera parte de lo que está pendiente de que se les entregue.

El problema de Yunes Linares con la Secretaría de Hacienda es que llegó pateando la puerta y esperaba que se la abrieran de inmediato. La ocurrencia de la desincorporación fiscal es totalmente inviable, y el gobernador lo sabe, pero no está dispuesto a rogar por ayuda a la Federación y, fiel a su temperamento, prefiere exigir antes que gestionar.

Allá por el 2008, Jorge Carvallo Delfín, entonces secretario particular del gobernador Fidel Herrera, le mostró a su jefe la portada del periódico Notiver.

Las ocho columnas eran –una vez más- declaraciones de Yunes Linares en contra de Fidel Herrera. Carvallo sabía identificar los estados de ánimo de su jefe y esperó el momento propicio para hacerlo estallar en cólera.

– Yo quisiera responderle a ese tipo como se merece, señor, pero entiendo que desde mi posición no resulta adecuado. Esto debería hacerlo el dirigente del PRI.

– Ya lo sé, pero Pepe nunca se va a confrontar con Miguel Ángel. Eso lo tengo claro. Ve preparando el relevo. Te necesito allá para que le hagas frente al “perro”.

Así se resolvió la salida de Pepe Yunes de la dirigencia estatal del PRI, el 20 de noviembre del 2008.

Hoy queda claro que ese fue otro error de cálculo de Fidel Herrera. Pepe Yunes sí es capaz de confrontar a Miguel Ángel Yunes, pero lo hace cuando el tema lo amerita, no para inflar egos.

Por: Filiberto Vargas// Punto de vista

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